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En la evaluación de un paciente con dolor, es necesario valorar no sólo los factores orgánicos, sino también los psicológicos, sociales y conductuales. En la evaluación del dolor es necesario responder a tres cuestiones: ¿cuál es el alcance de la enfermedad o lesión? ¿Cuál es la magnitud del trastorno -p.ej. qué sufrimiento supone al paciente o cómo le incapacita para realizar actividades? Y, las conductas del paciente en las interacciones con el médico, ¿reflejan realmente la naturaleza y alcance de la lesión o enfermedad o los síntomas parecen amplificados por razones sociales o psicológicas? Para evaluar la intensidad del dolor pueden usarse algunos métodos sencillos: escalas numéricas, escalas descriptivas, escalas de analogico-visuales, etc…Uno de los instrumentos más conocidos es el cuestionario del dolor de Mc Gill. Para averiguar la actividad funcional del paciente existen algunos cuestionarios autoaplicables. Aunque su validez podría ser cuestionable, se ha hallado una fuerte correlación entre los valores descritos por el paciente sobre las características del trastorno y las descripciones de los distintos profesionales acerca de las capacidades funcionales y el rendimiento funcional objetivo. Entre otras escalas se señalan la de discapacidad de Roland-Morris, el índice de estado funcional, o la escala de discapacidad de Oswestry. Todas ellas requieren menos de 5-10 minutos en ser completadas. Existen indicadores fisiológicos que indican la presencia de dolor (aceleración del ritmo cardíaco o respiratorio..) pero que pueden ir disminuyendo con el tiempo sin que el dolor haya desaparecido. O, al contrario, pueden presentarse conductas aprendidas reforzadas por aspectos sociales de atención o refuerzo, evitación de actividades no deseadas o compensaciones económicas. Estas conductas aprendidas no deben ser interpretadas como una simulación, puesto que no se realizan de forma consciente. Una buena manera de evaluar las conductas de dolor es hacer que el paciente haga un diario completo de sus actividades. El facultativo debe usar el registro para cuantificar las conductas y los factores que incrementan o atenúan tales conductas de dolor. Finalmente, es necesaria la evaluación de factores afectivos y cognitivos. Es particularmente útil la evaluación de la tendencia depresiva. Según algunos estudios aproximadamente el 50 % de pacientes con dolor crónico presentan un estado depresivo. El médico debería implicar a un psicólogo en el proceso evaluativo de pacientes con largos períodos de dolor crónico. La derivación de un paciente a un especiaslista en dolor puede ser indicada cuando: - la discapacidad excede en alto grado a lo que cabría esperar en base a los datos físicos - el paciente hace excesivas demandas al sistema y necesita pruebas y tratamientos no indicados normalmente - el paciente presenta rasgos psicológicos significativos de trastornos como la depresión - el paciente presenta conductas aberrantes como automedicarse o no seguir el tratamiento prescrito.
Palabras claves:
  • PRUEBAS
  • TEST
  • CONDUCTA
  • VALORACION
  • RECOMENDACIONES
  • PSICOLOGIA

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