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Los opiáceos son efectivos y seguros en pacientes con dolor moderado o grave asociado al cáncer, debiéndose administrar en estos casos de manera rutinaria. La respuesta a los distintos opiáceos varia de un individuo a otro, por ello a veces se requiere una rotación de distintos opiáceos para encontrar el fármaco con mejor relación eficacia-efectos adversos en un individuo determinado. La vía de administración de elección para el tratamiento crónico con opiáceos es la oral, la mayoría de los pacientes responden a ella. Sin embargo, en algunos pacientes pueden ser necesarias otras vías de administración. Existen los parches transdérmicos de fentanilo que comparados con la administración de las formas de liberación retardada de morfina se han asociado a una menor frecuencia de constipación. Se recomiendan los parches para pacientes con disfagia u otras alteraciones gastrointestinales o en caso de conseguir un mejor cumplimiento. La infusión subcutánea continua, con o sin bolus adicionales, puede administrarse a través de bombas, en el propio domicilio del paciente. Existe además la alternativa de infusión intratecal o epidural de mórficos, para aquellos casos que no responden a las vías convencionales. La individualización de la dosis es la clave de la terapia con opiáceos. La dosis inicial recomendada, para aquellos pacientes que no han recibido nunca mórficos, es la equivalente a 5-10 mg de morfina parenteral cada 4 horas. El régimen habitual combina una dosis fija con una dosis de rescate, según necesidad. La dosis de rescate varia de 5-15% de la dosis total diaria y con un intervalo suficientemente largo para valorar el efecto de cada dosis. Con la terapia oral, el intervalo mínimo es de 2 horas, con la administración intravenosa puede repetirse la dosis hasta a los 10-15 minutos de la anterior. La dosis debe irse ajustando hasta encontrar un grado de analgesia satisfactorio con efectos adversos tolerables. El incremento de dosis recomendado es el total de las dosis de rescate administradas las 24 horas antes o bien, el 30-50% de la dosis actual, aunque en casos de dolor grave puede ser superior. Cuando se cambia de un fármaco a otro, la dosis equivalente del nuevo fármaco habitualmente se reduce un 30-50%. No existe una dosis máxima para los agonistas puros, el límite son los efectos adversos. El manejo de los efectos adversos es fundamental en la terapia con opiáceos. Los más comunes son los gastrointestinales (nauseas, vómitos y constipación) y neuropsicológicos (somnolencia y alteración cognitiva).
Palabras claves:
  • MORFINA
  • ADMINISTRACION
  • VIA
  • DOSIS
  • EFECTOS-ADVERSOS
  • COMPARACION
  • FENTANILO

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