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No existe una enfermedad para la que se encuentren tantos regímenes diferentes, recomendaciones y supuestos remedios, como para el cáncer. El desarrollo de la biología celular a principios del siglo XX ha hecho que los tumores cancerosos sean considerados como enfermedades locales producidas por causas generales. En relación con el desequilibrio metabólico (hiperacidificación, desequilibrio Na/K, nivel excesivo de ácido úrico, desequilibrio entre lípidos y glucosa sanguíneos, etc.) que se consideraba determinante para el desarrollo de los tumores, han aparecido múltiples directivas dietéticas para controlar supuestamente estos desequilibrios metabólicos y, por ende, la enfermedad cancerosa. Algunos regímenes proponen la supresión de los alimentos sólidos o un ayuno terapéutico con la idea de ""matar de hambre al tumor"" o de purificar el organismo. Por ejemplo la cura anticancerosa total según Beuss (cura de 42 días a base de zumo de verduras compuesto por remolacha, zanahoria, rábano, apio y patatas), o también el ayuno terapéutico según Buchinger con un período de ayuno de 2 a 3 semanas. En los dos casos, la alimentación hipocalórica y pobre en proteínas puede provocar una aceleración de la caquexia tumoral y una agravación del pronóstico. La misma observación vale para los regímenes a base de alimentos crudos (la instintoterapia según Burger, por ejemplo) que parten de la idea según la cual el organismo - considerado desde una perspectiva evolucionista - todavía no se ha adaptado al consumo de alimentos cocidos. Otras recomendaciones dietéticas como el consumo de ácido láctico según Kuhl (el ácido láctico aportado por la alimentación debe provocar una eliminación del ácido láctico de las células tumorales y como consecuencia una neutralización de su pH, lo que produciría una inhibición del crecimiento tumoral) o la teoría de las homotoxinas, según Reckeweg (la renuncia a la carne de cerdo se supone que compensa el envenenamiento del organismo) pueden considerarse inofensivas debido a su elección equilibrada de alimentos, a pesar de sus teorías singulares y su falta de base científica. CONCLUSION: actualmente no existe ningún régimen fundado en criterios estrictamente científicos que esté en disposición de curar el cáncer. Algunas propuestas dietéticas podrían tener repercusiones muy negativas sobre el curso de la enfermedad y deben desaconsejarse totalmente. No obstante, una alimentación que tenga en cuenta las necesidades del paciente reviste un gran valor en el cuadro del tratamiento de ayuda de las enfermedades tumorales. En el caso de estas formas de alimentación inofensivas tampoco se debe ignorar el papel considerable que tienen los deseos de los pacientes y la idea que tengan de lo que es importante para ellos y que puede mejorar su estado general subjetivo.
Palabras claves:
  • RIESGOS
  • DESNUTRICION
  • EQUILIBRIO
  • DIETAS

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