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Los tratamientos actuales del virus de la hepatitis C permiten su erradicación en la mayoría de los pacientes, pero presentan muchos efectos adversos. Los niveles de ARN viral y el genotipo del virus deberían ser obtenidos antes de iniciar el tratamiento. Se considera una respuesta completa al final del tratamiento cuando al final del mismo el ARN vírico es indetectable. Se considera una respuesta sostenida cuando continúa siendo indetectable 24 semanas después. La posibilidad de recaídas posteriores es remota. Actualmente, el tratamiento estándar consiste en interferón pegilado alfa 2a (180 mcg a la semana) o 2b (1,5 mcg/kg/semana) en combinación con ribavirina oral. El índice de respuesta sostenida es de un 54-56%. Esta varía según los fenotipos víricos. Así, en el genotipo 1, esta incidencia será de un 42-46% requiriendo 48 semanas de tratamiento; para el genotipo 2 y 3, un 78-82% con una duración recomendada de 24 semanas. La dosis de ribavirina también varía según el genotipo, el 1 se trata con 1000-1200 mg/día (según el paciente pese más o menos de 75 kg) y los genotipos 2 y 3 se tratarán con 800 mg/día. En aquellos pacientes que a las 12 semanas de terapia la carga viral no haya disminuido en más de 2 logaritmos, se pueden considerar ""no respondedores"", debiendo parar la terapia para evitar efectos adversos. Igual se debe actuar en el caso de que el RNA viral siga siendo detectable después de 24 semanas. Los efectos adversos del interferón pegilado son numerosos, destacando, por su gravedad, los síntomas pseudo gripales, que se pueden prevenir mediante hidratación del paciente y uso de premedicación con paracetamol. Pueden presentarse trastorno del sueño y neruopsiquiátricos, como ansiedad, irritabilidad y depresión, que pueden requerir el uso de antidepresivos. También se puede presentar alopecia, que remitirá al terminar el tratamiento. Por último, se debe monitorizar la función tiroidea y los recuentos de neutrófilos y plaquetas. La ribavirina puede causar hemolisis, por lo que se deben controlar los niveles de hemoglobina, que se puede mitigar disminuyendo la dosis, pero con el precio de una menor tasa de éxito de la terapia. En casos con hemolisis significativas se puede asociar eritropoyetina al tratamiento. También es bastante frecuente la aparición de rash cutáneo, que puede responder a terapia con corticoides tópicos. Menos comunes son las nauseas y los vómitos, que suelen remitir al fin del tratamiento, y disnea y tos improductiva. La ribavirina está contraindicada en pacientes con insuficiencia renal, y hay que tener en cuenta que es teratogénica. En principio, los pacientes sin contraindicaciones deben ser considerados para terapia, especialmente aquellos con fibrosis o cirrosis identificada por biopsia hepática, pacientes con genotipo 2 o 3, con síntomas, como fatiga, y aquellos con síntomas extrahepáticos. En pacientes con genotipo 1 sin fibrosis, la decisión de tratar se debe individualizar en cada caso, teniendo muy en cuenta la adherencia que puede tener el paciente al tratamiento.
Palabras claves:
  • RIBAVIRINA
  • INTERFERON
  • HEPATOCELULAR
  • HEPATITIS C
  • CIRROSIS
  • CARCINOMA
  • PEGINTERFERON

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