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Se denomina ojo seco a la afección ocular caracterizada por la escasez o falta de lagrima, siendo una de las patologías oculares más frecuentes. Las causas que producen el ojo seco son variadas, y de las mismas podemos destacar: los ambientes insanos, como aquellos que tienen humo, aire acondicionado, iluminación con fluorescentes o sequedad ambiental excesiva; el exceso de lectura o trabajo con ordenadores; o el uso de lentes de contacto. La producción lacrimal suele disminuir con la edad, especialmente en las mujeres tras la menopausia. También se asocia a otras patologías, como diabetes, disfunción tiroidea, asma, lupus eritematoso sistémico, Parkinson, síndrome de Sjögren y aquellas oculares como glaucoma o cataratas. Así mismo, también se puede asociar al uso de determinados fármacos, como ansiolíticos, antidepresivos, descongestivos, antihistamínicos, diuréticos, betabloquantes y anticonceptivos orales. El síndrome de ojo seco consiste inicialmente en una sensación de cuerpo extraño en el ojo, picor, ojo rojo y lagrimeo excesivo, a pesar de lo cual se presentan problemas de sequedad ocular. Estas molestias pueden aumentar cuando el paciente permanece leyendo o delante de una pantalla de televisión u ordenador durante cierto tiempo. Es en esta fase cuando el uso de colirios humectantes es más eficaz. Además del uso de colirios y ungüentos, hay que educar al paciente en determinados hábitos de vida, como beber agua en abundancia y aumentar la frecuencia de parpadeo, especialmente cuando se lee, se trabaja ante una pantalla, o se ve la televisión. Así, cuando el farmacéutico tenga claro el origen de la afección en ciertos hábitos de vida o consumo de determinados medicamentos, podrá dar un consejo adecuado, en cuanto a la modificación de estos hábitos o la aplicación de algún producto lubrificante. En los casos menos claros, lo prudente es recomendar una visita al oftalmólogo.
Palabras claves:
  • LAGRIMA ARTIFICIAL
  • LUBRICANTES
  • OJO SECO

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