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El virus varicela-zoster es el causante de dos entidades clínicas diferentes, varicela y Herpes Zoster. La varicela, que es la infección primaria, se transmite por vía respiratoria, o menos frecuentemente, a partir de lesiones de herpes zoster. Consiste en un cuadro benigno, normalmente desarrollado en la infancia y caracterizado por la aparición de un cuadro febril con un exantema generalizado que a esta edad no suele presentar más complicación. Su aparición en edad adulta, especialmente en pacientes inmunocomprometidos, puede acompañarse de mayores complicaciones. Una vez superada la varicela, el virus permanece latente en ganglios sensitivos, y es su reactivación la que da lugar al herpes zoster. El cuadro clínico de esta enfermedad comienza con la aparición de un dolor a lo largo de un dermatoma, que precede 48-72 horas a la aparición de vesículas agrupadas en esta zona. Se da con mayor frecuencia en inmunocomprometidos y ancianos, donde presenta especial importancia, debido a la posibilidad de que se complique con la aparición de neuralgia postherpética. Esta complicación constituye una de las principales causas de dolor persistente en este grupo de edad, puesto que tiene una elevada incidencia, presentándose en la mitad de los pacientes mayores de 60 años con herpes zoster. El 90% de los casos de varicela se dan en menores de 15 años, correspondiendo el 80% a los menores de 10 años. En nuestro medio la prevalencia en jóvenes adultos es baja, entre un 5 y un 10%, siendo excepcional por encima de 50 años. Aunque la mayoría de las hospitalizaciones de varicela se producen en niños, la tasa de hospitalización es muy superior en adultos, donde esta enfermedad presenta un curso clínico más grave y con más complicaciones. El 15% de la población experimentará un herpes zoster a lo largo de su vida, y un 4% padecerán un segundo episodio. El riesgo aumenta con la edad, puesto que en la infancia suele tener un curso benigno. En los dos primeros años de vida suele asociarse con la varicela materna durante el embarazo, como resultado de una transmisión intrauterina. Normalmente no dan lugar a mas complicaciones por lo que no se aconseja el tratamiento del herpes zoster durante el embarazo, salvo en casos excepcionales como el herpes zoster diseminado. Otro factor de riesgo, además de la edad avanzada, es la alteración de la inmunidad celular. Se da con mayor frecuencia en pacientes con neoplasias, tratamiento inmunosupresor, receptores de trasplantes y pacientes infectados con el virus de la inmunodeficiencia humana.
Palabras claves:
  • ACICLOVIR
  • ANTIVIRAL
  • FAMCICLOVIR
  • HERPES
  • NEURALGIA
  • VALACICLOVIR
  • VARICELA
  • ZOSTER

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