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El síndrome hiperquinético o trastorno por déficit de atención por hiperactividad se trata de una afectación persistente y severa del desarrollo psicológico resultante de falta de atención, inquietud e impulsividad. Se inicia alrededor de los 5 años, siempre antes de los 7, retrospectivamente desde los 2, si bien se pone de manifiesto durante la educación primaria. Es más frecuente en varones, en que se presenta mayor incidencia de trastornos de conducta, mientras que en las niñas hay una mayor afectación cognitiva y atencional. Los síntomas de desatención incluyen: no prestar atención suficiente a los detalles, incurrir en errores por descuido, no escuchar cuando se habla, presentar dificultades de organización y finalización de tareas, evitar lo que exija concentración, perder material necesario para sus objetivos, distraerse fácilmente y ser descuidado en tareas cotidianas. La hiperactividad implica excesivos movimientos corporales, levantarse, correr o saltar en situaciones inadecuadas. La inquietud conduce a hablar en exceso, incapacidad para guardar turno, dificultades para realizar actividades o juegos tranquilamente y entrometerse en situaciones de otros. Hay que tener en cuenta que muchos niños pueden presentar síntomas del déficit de atención y/o hiperactividad y no presentar necesariamente un síndrome hiperquinético. Por ello el diagnóstico de la enfermedad es complejo y puede no manifestarse en una consulta, haciéndose a menudo necesaria una evacuación en un ambiente con estímulos y en distintos ámbitos. Debe hacerse un diagnóstico diferencial con diversas enfermedades y contemplar la posibilidad de existencia de un trastorno comórbido. Además de diversos factores neuropsicológicos, a nivel neuroquímico se han implicado en el síndrome hiperquinético a la dopamina, que se relaciona con la conducta impulsiva y el autocontrol, serotonina, implicada en la agresividad, y noradrenalina, relacionada con la atención. Por último, en la hiperactividad se implica la dopamina y la noradrenalina. Los fármacos estimulantes aumentan la liberación de dopamina y normalizan el consumo de glucosa cerebral, la clonidina regula la baja secreción de noradrenalina, los antidepresivos tricíclicos bloquean la recaptación de catecolaminas, los antipsicóticos son antagonistas dopaminérgicos y la fenfluramina aumenta la disponibilidad de serotonina. También se han utilizado fármacos como guanfacina, carbamazepina y litio, con resultados irregulares. A pesar de que muchos de los niños diagnosticados de síndrome hiperquinético son adultos normales, la evolución natural, sin tratamiento, de esta enfermedad es hacia la incorporación de trastornos comórbidos, como ansiedad, depresión o trastornos de la conducta.
Palabras claves:
  • ANTIDEPRESIVOS
  • METILFENIDATO
  • TRICÍCLICOS
  • HIPERQUINÉTICO
  • ANSIEDAD
  • HIPERACTIVIDAD
  • DEPRESIÓN
  • BUPROPIÓN

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