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En este artículo se hace una revisión de la esquizofrenia. Los síntomas diagnósticos de la esquizofrenia incluyen alucinaciones auditivas y ideas delirantes, además existen síntomas negativos como la imposibilidad de prestar atención o la pérdida del sentido del placer. Todos los fármacos disponibles para el tratamiento de esta enfermedad disminuyen la neurotransmisión de la dopamina, pero el bloqueo de la neurotrasmisión dopaminérgica no alivia completamente los síntomas de la esquizofrenia. Parece que múltiples factores genéticos y ambientales contribuyen a las alteraciones de la función cerebral que existe en la esquizofrenia. El componente genético constituye aproximadamente el 70% de los factores de riesgo. La aproximación farmacológica a las manifestaciones psicóticas propias de la esquizofrenia se ha centrado en los neurotrasmisores que controlan la respuesta de las neuronas a los estímulos. La actividad de las neuronas piramidales e inhibitorias está modulada por neuronas dopaminérgicas, así como serotonérgicas, colinérgicas y noradrenérgicas. El primer antipsicótico utilizado en el tratamiento de la esquizofrenia fue la clorpromazina, después se desarrollaron fármacos más potentes como el haloperidol pero con la misma eficacia. Alrededor de un 20 % de los pacientes tienen una remisión completa de sus síntomas con estos antipsicóticos de primera generación, la mayoría de los pacientes obtienen respuesta pero continúan teniendo síntomas. Los efectos adversos más obvios son los movimientos involuntarios, que incluyen distonía, acatasia, bradiquinesia y temblor. Otros efectos adversos importantes son el síndrome neuroléptico maligno y la prolongación del intervalo QT. Los antipsicóticos de segunda generación intentan mejorar los efectos terapéuticos y disminuir los efectos adversos asociados con los fármacos de primera generación. Clozapina fue el primer antipsicótico atípico, presenta efectos antipsicóticos sin efectos adversos del movimiento y una mejor eficacia comparado con los fármacos de primera generación. Pero tiene un grave efecto adverso que es la agranulocitosis con una incidencia de 0.39 %. Otros fármacos con un mecanismo de acción similar que combinan el antagonismo por los receptores dopaminérgicos y serotonérgicos, son la risperidona, olanzapina, quetiapina y ziprasidona. Estos fármacos presentan una eficacia equivalente o superior a la de los antipsicóticos de primera generación sin los efectos adversos de estos. Es notable su eficacia superior respecto a los síntomas negativos y la tasa de recaídas en los pacientes tratados es significativamente menor. Otros dos fármacos que presentan un mecanismo de acción que únicamente incluye a los receptores dopaminérgicos son la amisulpride y el aripiprazol. Un efecto adversos característico de los antipsicóticos de segunda generación es el aumento de peso. Posiblemente relacionado con este también se han relacionado con un incremento de casos de diabetes mellitus. Es importante que el tratamiento del primer episodio de esquizofrenia sea inmediato, la mayoría de psiquiatras prescriben un antipsicótico de segunda generación (diferente de la clozapina, debido a su toxicidad). Después del primer episodio el paciente debe continuar con el tratamiento al menos durante un año y después ser reevaluado. No se han encontrado diferencias terapéuticas significativas entre los antipsicóticos de segunda generación, exceptuando a la clozapina, por lo que la selección del fármaco dependerá de la respuesta del individuo. La mayoría de algoritmos de tratamiento para pacientes con esquizofrenia sugieren el tratamiento con neurolépticos de primera generación cuando el paciente no presente respuesta a fármacos de segunda generación. Los antipsicóticos de primera generación administrados en forma depot son la terapia óptima para pacientes que recaen debido a la falta de adherencia al tratamiento.
Palabras claves:
  • ANTIPSICÓTICOS
  • TRATAMIENTO
  • ESQUIZOFRENIA
  • DIAGNOSTICO

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