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El virus de la Hepatitis A se trasmite de persona a persona a través de la vía fecal-oral y a través de la ingestión de comida o bebida contaminada. El virus se disemina fácilmente desde niños asintomáticos a otros niños y adultos. Los niños son considerados el reservorio principal y la fuente principal de transmisión a la comunidad. Después de un periodo de incubación de 28 días aparecen nauseas, dolor abdominal, fiebre, fatiga, orina oscura y ictericia. Aunque la mayoría de los pacientes se recuperan se pueden producir complicaciones como caogulopatía, encefalopatía o fallo renal. Desde los años 90 están comercializadas en Estados Unidos dos vacunas inactivadas de la Hepatitis A indicadas para la prevención de la enfermedad en adultos y niños mayores de 2 años. Se realizaron 2 grandes ensayos clínicos que consiguieron una eficacia del 94-100 %. La vacuna se considera muy segura, siendo los efectos adversos más frecuentes dolor en el punto de inyección, dolor de cabeza y fiebre. Se recomienda administrar dos dosis, la segunda dosis de debe administrar de 6 a 18 meses después de la primera. Existen diferentes estrategias de vacunación de la hepatitis A. Una de ellas sería inmunizar a los individuos que tengan un alto riesgo de contraer la hepatitis A. Para proteger a la comunidad se podría utilizar la vacuna cuando se producen brotes de la enfermedad, pero esto no es útil en grandes centros urbanos ya que es muy difícil obtener altas tasas de vacunación. En las áreas de Estados Unidos con altas tasas de hepatitis A se ha llevado a cabo la vacunación rutinaria en niños, de esta forma se consigue inmunizar a los niños y evitar la transmisión a otros niños y adultos. Así, se ha conseguido disminuir rápidamente la incidencia de la enfermedad. La administración de inmunoglobulinas, una preparación de anticuerpos concentrados derivados de plasma humano, dentro de las 2 semanas postexposición previene la enfermedad en el 85 % de los casos. Si se administran fuera del periodo de incubación pueden disminuir los síntomas. Además, la administración de inmunoglobulinas es una intervención efectiva para prevenir la transmisión de la hepatitis a los miembros de la familia y otros contactos cercanos de un acaso de hepatitis. También se ha utilizado como profilaxis en viajeros que necesiten una protección inmediata o en niños menores de 2 años. Finalmente el autor propone la vacunación universal en Estados Unidos empezando con niños de 2 años de edad hasta llegar a la inmunización de niños mayores y adolescentes.
Palabras claves:
  • Hepatitis A
  • Inmunoglobulinas
  • Vacuna

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