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Durante el embarazo se produce un aumento de las necesidades calóricas que varían a lo largo del embarazo, pero que se pueden cifrar en unas 300 kcal al día. Este aumento es importante para el mantenimiento de los procesos fisiológicos y metabólicos, puesto que se ha observado que balances energéticos negativos se han asociado a bajo peso en el recién nacido. Las necesidades proteicas se cubren con una dieta equilibrado por lo que solo suele ser necesaria la suplementación en madres vegetarianas estrictas o aquellas con alguna condición patológica. Durante el embarazo, el intestino aumenta su capacidad de absorción de hierro, así como su capacidad de fijación de esta al plasma. Por ello, a pesar del aumento de necesidades de este ión, hoy en día no se aconseja la suplementación indiscriminada de las embarazadas, y solo se deja para los casos patológicos. La ferropenia gravídica se diagnostica con hematíes inferiores a 3 millones ochocientos, hemoglobina inferior a 10,4 g/dL, volumen corpuscular medio inferior a 82 o una ferritina inferior al 31%. La ferritina también se puede usar como guía diagnóstica, considerándose patológica por debajo de 10 microgramos por litro. Las necesidades de calcio aumentan durante el embarazo, pero se mantienen mediante mecanismos hormonales, por lo que el déficit de este ión no afecta al feto, sino a las reservas maternas. Es importante mantener una dieta equilibrada con requerimientos medios diarios de 1.250 mg, puesto que la suplementación con calcio puede disminuir la absorción de hierro intestinal. La fibra dietética puede revertir en secuestro de estos dos iones, por lo que no se deben ingerir en grandes cantidades.
Palabras claves:
  • NUTRICIÓN
  • EMBARAZO
  • DIETA
  • HIERRO
  • FÓLICO

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