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La enfermedad de Menière es un trastorno idiopático del oído que afecta a la audición y al equilibrio, caracterizado por 4 síntomas: crisis de vértigo, tinnitus, pérdida de audición fluctuante y sensación de presión auricular que aparecen en forma de ataques con una duración de 2 a 4 horas. El manejo de la enfermedad se realiza mediante tratamiento farmacológico (con buenos resultados en el 80% de los pacientes), medidas higiénicas (dieta pobre en sodio, evitar el consumo de café, alcohol, tabaco y el estrés) y tratamiento quirúrgico (reservado para casos refractarios al tratamiento convencional). Tratamiento farmacológico - Benzodiazepinas: disminuyen el vértigo y la emesis en las crisis, pero su efecto inhibidor central puede comprometer los mecanismos compensatorios (control del equilibrio). Utiles cuando existe ansiedad asociada. - Antieméticos: previenen las náuseas y los vómitos además de ser sedantes y anticolinérgicos. Se utilizan meclozina y dimenhidrato (antihistamínicos), metoclopramida (antidopaminérgico), prometazina, útil en las crisis, y proclorperazina (fenotiazinas), y escopolamina. - Vasodilatadores: actúan sobre el componente isquémico de la enfermedad. - Diuréticos: tradicionalmente el tratamiento crónico de elección por producir reabsorción de la endolinfa. Los más utilizados son hidroclorotiazida, clortalidona y triamtereno. La furosemida tiene el inconveniente de provocar en algunos casos excesiva hipotensión y depleción de líquidos. - Antagonistas del calcio: flunarizina, cinarizina, nimodipino se emplean en la terapia de mantenimiento para prevenir los vértigos e inhibir la respuesta vestibular. - Aminoglucósidos: se utilizan en lesiones refractarias para dañar selectivamente las células ciliadas sensoriales vestibulares (mas sensibles que las ciliadas cocleares). A dosis adecuadas se consigue la reducción de la función vestibular sin dañar la función auditiva, aunque en la práctica es difícil. - Otros: acetil-leucina (contra los síntomas vertiginosos), inyecciones de droperidol y fentanilo (sedantes, deprimen la función vestibular), corticoides (cuando existe componente autoinmune), secuestradores de radicales libres (reducen la sensación de vértigo y mejoran el tinnitus en casos refractarios al tratamiento convencional), anestesia local, inmunosupresores (para casos intratables con alta evidencia de causa autoinmune). Tratamiento intratimpánico Alternativa a la cirugía en pacientes que no responden al tratamiento farmacológico convencional. Por esta vía se administran aminoglucósidos (ototóxicos) y corticoides (efecto inmunodepresor). - Aminoglucósidos: indicados en pacientes con Menière unilateral, persistente y refractaria al tratamiento médico o a la descompresión del saco endolinfático. En lesiones bilaterales la administración de gentamicina y estreptomicina será por vía parenteral. El efecto adverso más importante es la pérdida de audición, por lo que hay que elegir la terapia más apropiada para cada paciente y la administración de la dosis mínima eficaz de gentamicina. En el futuro, la terapia antioxidante o con salicilatos podría contribuir en la prevención de los efectos adversos. - Corticoides: indicados cuando la base de la enfermedad es autoinmune. En estos casos, los niveles auditivos empeoran rápidamente, el desarrollo es bilateral y la hipoacusia fluctuante no sigue los episodios típicos de la enfermedad de Menière. Con la administración de dexametasona, hidrocortisona y metilprednisolona (con mejor penetración que las 2 anteriores) por vía intratimpánica se alcanzan mayores concentraciones en la cóclea y hay menor incidencia de efectos adversos que con la administración por vía sistémica. Ha resultado un procedimiento seguro y altamente efectivo, con bajo riesgo de complicaciones, alternativo a la sección del nervio vestibular.
Palabras claves:
  • Enfermedad de Menière
  • Tratamiento intratimpánic
  • Corticoides intratimpánic

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