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El tratamiento citostático, así como el trasplante de progenitores hematopoyéticos (TPH), son tratamientos muy agresivos que se aplican a los pacientes afectados de leucemia mieloide aguda (LMA) y que suponen un grave riesgo nutricional. Por esta razón, se debe valorar el estado nutricional del paciente para poder instaurar un soporte precoz en los pacientes desnutridos o con riesgo de estarlo. El soporte nutricional oral es el de elección y está indicado desde el inicio del acondicionamiento. Lo ideal es una dieta hiperproteica con baja carga microbiológica, cuyo objetivo es disminuir el número de microorganismos que se encuentran en los alimentos y son ingeridos, para evitar la sepsis por translocación bacteriana. Habitualmente, entre los días 0 y 3 postrasplante hay que iniciar el soporte nutricional especializado (nutrición artificial enteral o parenteral) por la presencia de ciertas complicaciones, como dolor, fiebre elevada, náuseas, vómitos, diarreas o mucositis de la cavidad oral. La nutrición enteral es de elección para todos los pacientes que requieren soporte nutricional y tienen el aparato digestivo funcionante, debido a que es más fisiológico, tiene un efecto trófico sobre el enterocito, protege la mucosa intestinal de la translocación bacteriana, es más fácil de preparar y administrar y tiene un coste menor que la nutrición parenteral. En la fase posterior al acondicionamiento del TPH se presentan situaciones que limitan o disuaden del uso de la nutrición enteral, como el riesgo de hemorragia en la colocación de una sonda nasogástrica debido a la mucositis orofaringoesofágica en un paciente trombopénico, las náuseas y los vómitos que favorecen la salida de la sonda nasogástrica o las diarreas y el dolor abdominal, que podría agravarse con la administración de nutrientes por vía digestiva. La nutrición enteral con fórmulas hiperproteicas administrada por sonda nasoyeyunal colocada previamente al inicio de la mucositis sería una aproximación óptima al soporte nutricional especializado en la fase aguda post-TPH, completándola o sustituyéndola por la nutricional parenteral (NPT) en caso de intolerancia digestiva grave. Respecto al empleo de sustratos específicos dentro de la pauta de soporte nutricional, algunos estudios sugieren que los requerimientos de glutamina están incrementados durante ciertos estados catabólicos, y puede llegar a considerarse un aminoácido esencial en situaciones clínicas donde se constate un elevado estrés metabólico, como ocurre en el TPH. La NPT enriquecida con glutamina favorece una mejoría en el balance nitrogenado, un descenso en las complicaciones infecciosas postrasplante y una disminución de la estancia hospitalaria, así como una reducción de la incidencia y la gravedad de la mucositis.
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