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Los calambres son contracciones musculares dolorosas, involuntarias y localizadas, que pueden durar segundos o minutos y desaparecen de forma espontánea o al realizar ejercicios de estiramiento pasivo. En general se localizan en las extremidades inferiores y suelen aparecer durante la noche. Son benignos y autolimitados, pero pueden causar dolor intenso y trastornos del sueño. Son comunes en pacientes hemodializados o con hiponatremia y en mujeres embarazadas, en especial durante el tercer trimestre de gestación. Existen casos idiopáticos en los que se desconoce la etiología, pero por lo general se presentan en pacientes con varios factores causales. Entre los factores que contribuyen a facilitarlos se encuentran: endocrinológicos (diabetes mellitus, enfermedad tiroidea, etc.), trastornos hidroelectrolíticos (hipocalcemia, hiponatremia, hemodiálisis, etc.), vasculares, tóxicos (intoxicación por plomo o estricnina, picadura de araña), farmacológicos (diuréticos, antagonistas de calcio, fibratos, etc.), postural, neuromuscular, etc. En los calambres de origen desconocido el tratamiento de elección son las medidas no farmacológicas: ejercicio diario, masajes, ejercicios de estiramiento muscular, mantenimiento de los pies libres de peso. Asimismo estas terapias son las que se recomiendan cuando los calambres aparecen en niños. Para prevenir los calambres en mujeres embarazadas se recomienda dar masajes en la zona afectada o realizar ejercicios de estiramiento varias veces al día. En cuanto al tratamiento farmacológico se han empleado diversos fármacos para el tratamiento de los calambres nocturnos, entre ellos: sulfato de quinina, naftidrofurilo, verapamilo, vitamina E, complejos de vitamina B, magnesio, gabapentina, sulfato de zinc, etc. No se ha podido establecer el tratamiento de elección, la mayoría de los estudios realizados son de corta duración y con un reducido número de pacientes. La quinina se ha utilizado durante años, pero actualmente se desaconseja su uso ya que no hay evidencias significativas sobre su eficacia y se asocia a efectos secundarios graves como trombocitopenia, hemólisis intravascular, pancitopenia, hepatitis granulomatosa, fotosensibilidad e hipoglucemia. Actualmente en España no hay ninguna especialidad farmacéutica autorizada para el tratamiento de los calambres que contenga sulfato de quinina.
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