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Actualmente uno de los factores de riesgo cardiovascular más prevalentes en nuestra sociedad es la hipertensión arterial (HTA). Por datos de distintos estudios epidemiológicos se calcula que entre el 45 %-50 % de la población adulta del mundo presenta HTA y en España esta prevalencia se sitúa alrededor del 40 %, llegando a un 68 % en pacientes mayores de 65 años. Este factor de riesgo es el más directamente relacionado con la aparición de enfermedad cerebrovascular, pero también con la aparición de alteraciones cardíacas e insuficiencia renal. La HTA es la responsable de la hipertrofia ventricular izquierda (HVI), que es la que finalmente puede producir la disfunción cardíaca, ya sea en forma de insuficiencia cardíaca (IC), sistólica o diastólica, fibrilación auricular o cardiopatía isquémica. Cuando un paciente hipertenso presenta HVI se considera que existe una lesión de órgano diana (LOD) y su riesgo cardiovascular aumenta de forma considerable. Un estudio en el que se realizó ecocardiografía a una muestra de 267 pacientes hipertensos detectó HVI en el 64 % de ellos. El estudio ERIC-HTA, estudio multicéntrico en el que participaron más de 15.000 pacientes hipertensos de toda España atendidos en Atención Primaria, estimó que el 20 % de los participantes cumplía criterios de HVI en el electrocardiograma (ECG). Hasta el 52 % de estos pacientes presentaba alteraciones cardiovasculares, siendo las más frecuentes la cardiopatía isquémica, la insuficiencia cardíaca y la fibrilación auricular. Estudios como el HOT apuntaron ya que reducciones importantes de la PA diastólica no comportaban aumentos de la mortalidad. Sólo algún estudio apuntaría a que reducciones por debajo de 60 mmHg en pacientes con hipertensión sistólica aislada que presentan ya cardiopatía isquémica podrían conllevar un aumento del riesgo de infarto agudo de miocardio. Muchos autores apuntan que probablemente los pacientes con PA diastólica más baja también tienen más factores de comorbilidad que hacen que su estado de salud de entrada sea peor. El metaanálisis de Turnbull demostró que reducir las cifras de PA reduce el riesgo de presentar eventos cardiovasculares, independientemente de los fármacos utilizados, y esta reducción es mayor cuanto mayor sea la reducción de la PA, independientemente de que sean diabéticos o no. Ante la evidencia de estos estudios, distintos documentos de consenso y guías han establecido objetivos de control de las cifras de PA en distintos grupos poblacionales. Aunque no todos establecen este punto de corte en el mismo valor, lo que es común en todos es que con el tiempo estas cifras se han ido reduciendo. Actualmente se establecen como cifras de buen control 140 y 90 mmHg en el caso de no asociarse otros factores de riesgo y 130 y 80 mmHg cuando se asocia a diabetes o alteraciones de la función renal, o incluso cifras más bajas si existe proteinuria superior a 1 g/24 h. Asimismo, según el resultado de algunos estudios como el HOT, los pacientes con alto riesgo cardiovascular reducirían su mortalidad en un 50 % si mantuvieran cifras de PA por debajo de 140 y 85 mmHg, pero no existe consenso sobre esto en las guías. A pesar de que sabemos de la importancia del buen control de la HTA, el porcentaje de pacientes que están controlados oscila, según distintos estudios, entre un 15 %-20 % y un 35 %. Las guías establecen unas directrices claras para realizar una correcta valoración del paciente hipertenso, tanto en lo que se refiere a la detección de afectación de órganos diana como a las pautas a seguir cuando ésta se presenta, además de dar apoyo a los distintos tratamientos adecuados en cada momento. Es, por tanto, importante que no perdamos de vista la necesidad de seguir avanzando en el control de los distintos factores de riesgo, de hacer un abordaje integral de todos ellos de forma temprana para prevenir más que tratar aquellas complicaciones derivadas y utilizar correctamente las armas farmacológicas que tenemos a mano en cada caso, combinándolas de forma adecuada. Pocos casos se controlarán con monoterapia, es necesario, pues, concienciarnos de la necesidad de las combinaciones. Invertir en educación sanitaria, procurando la buena adherencia a los tratamientos y promoviendo la responsabilidad de cada paciente en su propia enfermedad, la adecuada implementación de las guías de práctica clínica y la posibilidad de vías que faciliten el buen flujo de información entre la asistencia primaria y la especializada reportarán sin duda una mejora en el control de estos pacientes.
Palabras claves:
  • HTA
  • prevalencia
  • valoración

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