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El Staphylococcus aureus meticilin resistente (MRSA) es una bacteria difícil de tratar ya que es resistente a todos los antibióticos b-lactámicos disponibles, incluyendo penicilnas y cefalosporinas. Los primeros aislados de MRSA aparecieron sobre el 1960, tras la introducción de la meticilina y se encontraban sólo en pacientes hospitalizados. A mediados de la década de los noventa aparecieron los primeros aislados de MRSA en la comunidad. Desde entonces su frecuencia de aparición ha ido aumentando hasta que se han convertido en un problema de salud pública. Las infecciones de piel y tejidos blandos son la mayoría de infecciones por MRSA adquiridas en la comunidad. Se presentan como lesiones necróticas y generalmente se asocian a mordeduras de arañas u otros insectos. El tratamiento en el paciente ambulatorio variará según el patrón de resistencias de cada zona. Los tratamientos tópicos a base de mupirocina o bacitracina se usan para infecciones superficiales como el impétigo. En caso de requerir tratamiento sistémico, los b-lactámicos no serían un buen tratamiento empírico ya que el 10% de los aislados de Staphylococcus aureus son resistentes a meticilina (MRSA). En este caso las alternativas disponibles por vía oral son clindamicina, sulfametoxazol/trimetoprim, tetraciclinas, rifampicina y linezolid. En caso que se requiera ingreso hospitalario y tratamiento por vía endovenosa, vancomicina es el antibiótico de elección. Se debe controlar estrechamente la función renal de los pacientes y monitorizar los niveles plasmáticos si se asocia a otros nefrotóxicos. En caso de fracaso a vancomicina las alternativas disponibles son daptomicina, tigeciclina, linezolid y la asociación quinopristina/dalfopristina.
Palabras claves:
  • MRSA
  • clindamicina
  • sulfmetoxazol
  • trimetropim
  • rifampicina
  • linezolid
  • vancomicina
  • tetraciclinas

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