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En los niños, para disminuir el dolor causado por una extracción de sangre, a veces se emplea un analgésico local. Este es eficaz pero conlleva efectos adversos. También se han probado métodos no medicamentosos. Por ejemplo, en los lactantes, la mamada de algunos mililitros de agua azucarada durante la extracción permiten disminuir los estigmas fisiológicos imputados al dolor. En niños mayores (de 7 a 12 años), un estudio comparativo en Italia ha experimentado el efecto de la distracción. Así, 69 niños se randomizaron en tres grupos: un grupo testigo en el que las madres estaban presentes pero no tenían que distraer al niño; un grupo en que las madres acariciaban y hablaban a sus hijos para reconfortarlos y un grupo en el que los niños miraban un dibujo animado desde, al menos, 2 minutos antes de la extracción, las madres estaban presentes sin distraerlos. Después de la extracción, los niños y sus madres llenaron una lista de cálculo del dolor. RESULTADOS: las listas eran estadísticamente más bajas en el grupo de los niños que miraban el dibujo animado. El cálculo se redujo casi a la mitad para todas las comparaciones. En la práctica, los autores proponen generalizar este tipo de intervención para niños de 7 a 12 años, en caso de cualquier procedimiento médico doloroso.
Palabras claves:
  • niños
  • análisis de sangre
  • extracción sanguñinea
  • dolor

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