Digest

 

El síndrome de realimentación se define como una serie de cambios potencialmente fatales en fluidos y electrolitos corporales que puede aparecer en pacientes malnutridos que reciben alimentación artificial (enteral o parenteral). Estas alteraciones son consecuencia de cambios hormonales y metabólicos y pueden provocar complicaciones clínicas graves. La característica bioquímica más significativa del síndrome de realimentación es la hipopotasemia. Sin embargo, el síndrome es complejo y también puede cursar con alteraciones en el balance de fluidos y en la concentración de sodio, alteraciones en el metabolismo de la glucosa, grasas y proteínas, deficiencia de tiamina, hipofosfatemia e hipomagnesemia. El síndrome de realimentación está bien descrito en al literatura pero a menudo es una condición clínica olvidada. No se conoce su incidencia real, y no se han publicado ensayos clínicos randomizados del tratamiento, pero sí hay publicadas guidelines para el manejo clínico del síndrome, basadas en las evidencias disponibles. Durante la realimentación, el incremento de las glucemias conduce a un aumento de la secreción de insulina y un descenso de la secreción de glucagón. La insulina estimula la síntesis de glucógeno, grasa y proteínas. Este proceso requiere minerales como fosfato y magnesio, y cofactores como tiamina. La insulina estimula la entrada del potasio al interior celular a través del transportador ATPasa sodio-potasio. El magnesio y el fosfato son también introducidos en la célula, y el agua los sigue por ósmosis. Este proceso conduce a un descenso de los niveles séricos de fosfato, potasio y magnesio. Los signos clínicos del síndrome ocurren como resultado de los déficits funcionales de estos electrolitos y el rápido cambio en la tasa metabólica basal. Para prevenir la aparición del síndrome de realimentación es crucial la identificación de los pacientes con alto riesgo de desarrollarlo. Tienen alto riesgo los pacientes sin ingesta de alimentos durante más de 5 días, los pacientes malnutridos por ingesta reducida de alimentos, aquellos con absorción reducida por causa de alguna patología o los que presentan un aumento de las demandas metabólicas. En estos casos las guías NICE recomiendan que la alimentación se comience con no más del 50% de requerimientos del paciente. El ritmo puede aumentarse si no se detectan problemas clínicos ni bioquímicos. Todas las guías recomiendan también el comienzo inmediato de suplementación con vitaminas, durante los 10 primeros días de la realimentación. El volumen circulatorio debe ser restablecido y se deben dar suplementos intravenosos de potasio, fosfato, magnesio y calcio aunque los niveles sanguíneos sean correctos antes del inicio de la alimentación. Si el síndrome de realimentación aparece, se debe enlentecer aun más la tasa de alimentación y los electrolitos esenciales deben ser repuestos. El mejor método de restablecer las concentraciones normales de electrolitos no ha sido determinada. En pacientes hospitalizados las alteraciones se tratan de manera ideal con suplementación intravenosa, pero esta no carece de riesgos, por lo que se debe realizar con precaución.
Palabras claves:
  • Hipofosfatemia
  • Hipomagnesemia
  • Hipopotasemia
  • Malnutrición
  • Nutrición artificial
  • Síndrome de realimentación

Nuestro objetivo es ofrecer a los profesionales de la salud una actualización constante sobre la información científica basada en la evidencia necesaria en su actividad profesional. 

Cada semana, a través de nuestro News Letter, estará informado sobre los nuevos artículos-resúmen que se incorporarán a la Base de datos.