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El empleo de fármacos antipsicóticos se ha asociado a niveles elevados de prolactina, los cuales se pueden traducir en afectaciones de los sistemas reproductor, endocrino y metabólico. Los antipsicóticos de primera generación poseen el mayor riesgo de hiperprolactinemia, sin embargo, los antipsicóticos de segunda generación también se han asociado a este efecto adverso, especialmente risperidona y paliperidona. La prevalencia de hiperprolactinemia secundaria al empleo de un antipsicótico se ha relaconado directamente con su capacidad bloqueante de receptores dopaminérgicos D2. Un estudio en 402 pacientes en tratamiento con antipsicóticos de primera generación o risperidona encontró un 65,6% de mujeres en edad reproductiva, 45,1% de mujeres postmenopáusicas y un 42,4% de hombres con hiperprolactinemia inducida por dicho fármacos. Las alteraciones menstruales son uno de los efectos directamente relacionados con la hiperprolactinemia, en un estudio desarrollado en España, se encontró una incidencia de amenorrea del 14% en pacientes con haloperidol, un 11% con olanzapina, un 5,6% con quetiapina y un 28,2% con risperidona. La elevación de prolactina podría asociarse a un riesgo incrementado de osteopenia y osteoporosis por disminución de la densidad mineral ósea relacionada con los niveles de estrógenos, aunque algunos investigadores han hipotetizado que la esquizofrenia en sí se asocia a hipoestrogenemia en mujeres, independientemente del tratamiento. El riesgo relativo de hiperprolactinemia, de acuerdo a los datos disponibles, sería aproximadamente el siguiente: antipsicóticos de primera generación, risperidona, paliperidona>ziprasidona> olanzapina> quetiapina, clozapina> aripiprazol. El empleo de la dosis menor efectiva o la adición de antipsicóticos que normalicen los niveles de prolactina, como aripiprazol, puede ser una opción correcta. Un estudio randomizado, doble-ciego, controlado con placebo, mostró que la adición de aripiprazol al tratamiento de 54 pacientes con esquizofrenia en tratamiento con haloperidol normalizó los niveles de prolactina en un 84,6% de los casos (p<0,0001). Si no se puede realizar una disminuciónm de dosis o discontinuar el tratamiento, se podría considerar la adición de un agonista dopaminérgico como bromocriptina o cabergolina, aunque existe un riesgo de empeoramiento de los síntomas psiquiátricos.
Palabras claves:
  • hiperprolactinemia
  • prolactina
  • antipsicóticos
  • esquizofrenia
  • amenorrea

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