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Debido a los cambios que se producen a medida que va avanzando la enfermedad (distracción, confusión de horarios, hiperactividad, dificultad para masticar y tragar), las personas con EA son candidatas a presentar problemas en su alimentación. El comportamiento de estos pacientes frente a la comida se va modificando a medida que va evolucionando su condición. Los problemas más frecuentes, relacionados con la alimentación, en las diferentes fases de la enfermedad son: 1.Demencia leve o fase inicial: Los pacientes pueden comer solos pero la pérdida de memoria les hace descuidados, se olvidan de la comida, horarios…En esta fase es importante fomentar su autonomía. 2.Demencia moderada o fase media: En esta fase se registra una dependencia parcial y el enfermo necesita ayuda para comer y beber. En ocasiones es posible que no pueda masticar y tragar bien los alimentos. 3.Demencia grave: La dependencia del enfermo de otras personas que le alimenten es total. Aparece dificultad para tragar, tanto alimentos sólidos como líquidos, con riesgo de atragantamiento, por lo que el enfermo rechaza la comida. Las funciones del aparato digestivo pueden estar enlentecidas y el enfermo puede presentar dificultades de evacuación por estreñimiento. Características de una dieta adecuada: La dieta debe adecuarse a la situación del paciente, según la fase de la enfermedad en la que se encuentre. Deberá ser variada y de sabor agradable. Se deben elegir alimentos que aporten la energía y nutrientes que necesita el paciente. Como fuente de hidratos de carbono se deben emplear cereales, pastas, legumbres, verduras, hortalizas y frutas. Se debe moderar el consumo de azúcares y dulces. Las grasas mejoran el sabor de los alimentos y se deben utilizar preferentemente las de origen vegetal frente a las de origen animal. La fuente de proteínas puede estar constituida por carne, pescado, lácteos, huevos e incluso por legumbres y cereales.
Palabras claves:
  • Enfermedad de Alzheimer
  • Alimentación
  • Dieta

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