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La disfunción eréctil es una problemática cuyo diagnóstico y tratamiento ha sido abordado mediante opciones muy variadas, con mayor o menor base científica. Los avances en los últimos años han hecho necesario evaluar los resultados de eficacia y seguridad para cada uno de ellos con el objeto de establecer cuáles son las opciones más válidas. La disfunción eréctil queda definida como la incapacidad de mantener la erección para la realización del acto sexual de forma satisfactoria. Este problema puede afectar a hombres de cualquier edad aunque su prevalencia aumenta en la vejez, la diabetes mellitus, las enfermedades vasculares, las enfermedades psiquiátricas y el hipogonadismo. Debido al envejecimiento de la población y algunas de las patologías mencionadas se estima un aumento en la prevalencia de la disfunción eréctil en los próximos años. En cuanto a la utilidad clínica de los tests diagnósticos de tipo hormonal en sangre no existe una evidencia clara. La prevalencia de disminución de los niveles de testosterona total o libre, así como del aumento de prolactina en pacientes con disfunción eréctil varía mucho entre los diferentes estudios. El tratamiento farmacológico de la disfunción eréctil se basa principalmente en el uso de inhibidores de la fosfodiestarasa-5 (PDE-5) o el tratamiento de tipo hormonal, aunque existen otras posibilidades menos utilizadas en la práctica clínica (inyección intracavernosa, supositorios intrauretrales). Además existen sistemas que actúan de forma física (sistema de constricción) y la terapia psicológica, que quedan fuera de la revisión de la guía. Existe evidencia que demuestra la eficacia de los inhibidores de la PDE-5 (sildenafilo tadalafilo) sobre placebo, y también sobre otro tipo de tratamientos como son la apomorfina sublingual, alfuzosina, psicoterapia y la presión positiva continua. No obstante se ha observado que la adición de otros fármacos (dihidroergotamina, cabergolina, atorvastatina, quinapril y alfuzosina) o psicoterapia al tratamiento con inhibidores de la PDE-5 podría producir una eficacia superior respecto a la monoterapia. La comparación de tadalafilo y sildenafilo no permite diferenciar entre ambos qué tratamiento resulta más efectivo. Los efectos adversos más relevantes de los inhibidores de la PDE-5 son el priapismo y la posibilidad de neuropatía óptica isquémica anterior y el priapismo. Además está contraindicado el uso de nitratos en cualquier forma. La terapia hormonal resulta controvertida. Los estudios no proporcionan suficiente información y no se ha podido demostrar que la testosterona sea más efectiva que placebo. La adición a la terapia con inhibidores de PDE-5 de la terapia hormonal no ha demostrado ser más eficaz que la monoterapia con inhibidores de PDE-5. La recomendación actual es iniciar el tratamiento de la disfunción eréctil con un inhibidor de la PDE-5 si no existe contraindicación. No se recomienda utilizar el tratamiento hormonal de forma rutinaria.
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