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Se caracteriza por la inflamación del tejido sinovial poliarticular que causa dolor, hinchazón y rigidez de las articulaciones de las manos, las muñecas y los pies en particular. También da lugar a limitaciones funcionales y puede progresar a la destrucción articular y a enfermedades extraarticulares. Los estudios observacionales han demostrado que las tasas de mortalidad en pacientes con artritis reumatoide son más altas que en la población general. En 1987 el Colegio Americano de Reumatología estableció unos criterios de clasificación para determinar la presencia de artritis: 1 Rigidez matutina de, al menos, una hora. 2 Sinovitis en tres o más articulaciones. 3 Sinovitis en las manos o las muñecas. 4 Distribución simétrica. 5 Nódulos subcutáneos. 6 Factor reumatoide positivo. 7 Cambios radiográficos en las radiografías de las manos o las muñecas. Al menos cuatro elementos deben estar presentes, los puntos del 1 al 4 deben ser de una duración mínima de 6 semanas. El reconocimiento temprano de la artritis y una rápida derivación al reumatólogo son esenciales así como el tratamiento debe comenzarse cuanto antes mejor y de un modo agresivo para evitar las limitaciones funcionales y daños estructurales. Las innovaciones en el tratamiento y su seguimiento han resultado en algunos pacientes con una remisión clínica. El metotrexato es el fármaco de primera línea, pero en pacientes de alto riesgo la combinación temprana de metotrexato con prednisona o un inhibidor de factor de necrosis tumoral mejora los resultados. Hasta la década de 1990 pacientes con artritis reumatoide fueron tratados inicialmente con aspirinas u otros medicamentos anti-inflamatorios no esteroideos. El resultado para la mayoría de los pacientes fue el deterioro funcional con daño progresivo. Sin embargo, las innovaciones en medicamentos, mejores herramientas para el tratamiento de seguimiento, y las estrategias de un estricto control han mejorado las perspectivas para los pacientes con artritis reumatoide. Varios estudios clínicos controlados aleatorizados han demostrado que el tratamiento con DMARD (diseasemodifying anti-rheumatic drugs), corticosteroides y agentes biológicos al principio de la enfermedad pueden retardar la progresión de la enfermedad, reducir la destrucción de las articulaciones, y mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida. Muchos DMARD sintéticos están disponibles para el tratamiento de la artritis reumatoide, pero el metotrexato sigue siendo el tratamiento de primera línea. Otros fármacos sintéticos que pueden ser útiles son la sulfasalazina, la leflunomida, hidroxicloroquina y, con menos frecuencia, oro inyectable, ciclosporina y azatioprina. Al igual que con metotrexato, todos los DMARDs convencionales requieren un seguimiento regular de seguridad. Una reciente revisión sistemática y un meta-análisis encontraron que la leflunomida fue tan eficaz como el metotrexato, la sulfasalazina y el oro inyectable reduciendo los signos y síntomas de la artritis reumatoide y los daños estructurales, y que la ciclosporina, minociclina, tacrolimus y hidroxicloroquina mostraron cierta eficacia en la reducción del número de hinchazones en las articulaciones. Varios productos biológicos se han desarrollado y se están investigando. Algunos expertos recomiendan los inhibidores de TNF-alfa como primera opción de agentes biológicos. Si un paciente no responde a un primer agente anti-TNF-alfa, a continuación, puede considerarse con preferencia usar, en combinación con metotrexate, un segundo -rituximab, abatacept, o tociluzimab-. Estudios observacionales y ensayos clínicos aleatorizados han demostrado que el factor reumatoide, dirigido contra IgG y los anticuerpos contra las proteínas citrulinadas se observan en aproximadamente dos tercios de los pacientes con artritis reumatoide. Varios estudios observacionales han demostrado que la presencia de autoanticuerpos predice un curso de la enfermedad más grave. Las investigaciones en pacientes recién diagnosticados incluyen la medición de reactantes de fase aguda (para el cálculo de actividad de la enfermedad), un hemograma completo y pruebas de autoanticuerpos. Cuando se sospecha que la artritis es causa de una infección bacteriana o inducida por cristales (poli), la aspiración de líquido sinovial o biopsia sinovial puede ser útil. El ultrasonido puede mostrar el resultado de sinovitis en las articulaciones que son clínicamente difíciles de evaluar y puede ayudar a guiar la aspiración del líquido sinovial. Adicionalmente evaluaciones radiológicas y de laboratorio pueden ser necesarias para excluir diagnósticos alternativos. Las radiografías de las manos, las muñecas y los pies se recomiendan al comienzo de la enfermedad para evaluar los daños estructurales y se repetirán anualmente para supervisar la gravedad de la enfermedad y la respuesta al tratamiento. La artritis reumatoide tiene un riesgo más alto de lo normal para la enfermedad cardiovascular, probablemente como resultado de la mayor prevalencia de factores de riesgo tradicionales y la carga inflamatoria. Los estudios observacionales sugieren que los niveles de riesgo se debe multiplicar por 1,5 si presenta dos de los siguientes criterios: presencia de factor reumatoide o anticuerpos anti-proteínas citrulinadas, o la presencia de manifestaciones extra-articulares. Para reducir el riesgo es obligatorio un buen control de la actividad de la enfermedad, así como la gestión adecuada del riesgo cardiovascular de acuerdo a las normativas locales. Conclusiones: El reconocimiento temprano de la artritis y la derivación rápida a un reumatólogo son esenciales. Debe Comenzar el tratamiento inmediatamente después del diagnóstico y el objetivo será la remisión clínica o reducir la enfermedad. Iniciar el tratamiento con un único DMARD, preferiblemente metotrexato junto con, a corto plazo, glucocorticoides. Si este no es efectivo considerar la introducción de un bloqueador de TNF-alfa en lugar de cambiar a una combinación de DMARDs. Algunas pautas recomiendan los bloqueadores de TNF-alfa y el metotrexato como tratamiento inicial en pacientes de alto riesgo. Se ha de considerar cuidadosamente la reducción y la interrupción del tratamiento en pacientes en remisión clínica estable, con la reintroducción del sistema si se repite la sintomatología. Esto, junto con la introducción de nuevas herramientas para monitorizar la respuesta al tratamiento, ha dado lugar a un enfoque de tratamiento nuevo y una mejora en los resultados. Nuevas mejoras en los diagnósticos y tratamientos específicos son necesarios para detener el proceso de la enfermedad. Los nuevos criterios de clasificación permitirán a los pacientes con enfermedad en estadio temprano entrar en ensayos clínicos. La evolución futura puede permitir evitar la cronicidad y el deterioro y proporcionar una cura para la artritis reumatoide.
Palabras claves:
  • Artritis reumatoide
  • Antiinflamatorios
  • Corticosteroides
  • DMARDs

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