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Las infecciones del tracto urinario (ITU) bajo no complicadas están entre las infecciones comunitarias más frecuentes en el ámbito de la asistencia primaria. La infección urinaria se clasifica como ITU no complicada si ocurre en pacientes con la zona urinaria estructural y funcionalmente normal. Datos de EE.UU. indican que las ITU son responsables de 7 millones de visitas por año, o lo que es lo mismo, dos de cada siete visitas son debidas a una cistitis y cerca del 15% de todos los antibióticos se prescribe para ITU. Aproximadamente un 25-35% de las mujeres entre 20 y 40 años han experimentado una ITU baja no complicada. En una encuesta epidemiológica efectuada en el año 2007 a 6.545 mujeres, seleccionadas de forma aleatoria en todo el territorio nacional, el 37% de ellas reconoció haber sufrido un episodio de ITU baja y, de ellas, el 32% había padecido más de dos episodios de ITU. En las ITU bajas no complicadas Escherichia coli (E. coli) sigue siendo el uropatógeno aislado con mayor frecuencia, tanto a nivel europeo como en España (70,8%), seguido por Klebsiella spp. (6,8%), Proteus spp. (6,6%) y Enterococcus spp. (5,5%). La instauración precoz del tratamiento antibiótico constituye la medida más eficaz para limitar la duración del cuadro clínico y reducir el riesgo de complicaciones. La cistitis no complicada se trata generalmente de forma empírica. Dado que la sensibilidad de los uropatógenos puede ser variable en función del tiempo y de las zonas geográficas, se hace necesario conocer y actualizar periódicamente la etiología y la sensibilidad de los uropatógenos en mujeres con infecciones del tracto urinario (ITU) bajas no complicadas. Se realizó un estudio multicéntrico ARESC de 9 hospitales españoles, que incluyó de forma consecutiva 803 mujeres, de edades entre 18 y 65 años, con cistitis no complicada, con el fin de identificar la etiología y evaluar su sensibilidad a 9 antimicrobianos. Finalmente, de las 803 pacientes consecutivas con ITU baja no complicada fueron incluidas 784. El urocultivo fue positivo en el 87,7% de las muestras. De un total de 650 uropatógenos, Escherichia coli (E. coli) fue el más frecuente (79,2%), seguido por Staphylococcus saprophyticus (4,4%), Proteus mirabilis (4,3%), Enterococcus faecalis (3,2%) y Klebsiella pneumoniae (2,3%). E. coli mostró una elevada sensibilidad a fosfomicina (97,2%), nitrofurantoína (94,1%) y algo menor a ciprofloxacino (88,1%). Las tasas de resistencia a fluorquinolonas fueron más elevadas en mujeres postmenopáusicas (17 frente a 10%). E. coli sigue presentando unas elevadas resistencias a ampicilina (65%) y a cotrimoxazol (34%), y en la actualidad, aproximadamente un 25% de las cepas son resistentes a amoxicilina/clavulánico y cefuroxima. En España se observan elevados índices de resistencia de E. coli a antibióticos de uso frecuente. Fosfomicina y nitrofurantoína preservan una elevada actividad in vitro. Considerando otros aspectos prácticos, como la posología (una sola dosis) y la influencia del consumo total de quinolonas sobre los niveles de resistencia en enterobacterias y en otros microorganismos, fosfomicina trometamol representa una alternativa empírica de primera elección para la cistitis no complicada de la mujer.
Palabras claves:
  • Uropatógenos
  • ITU
  • Tratamiento
  • Nitrofurantoína
  • Fosfomicina trometamol
  • Cistitis
  • Ciprofloxacino
  • Resistencia antimicrobiana
  • Ampicilina

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