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El insomnio no es una enfermedad, sino un síntoma, por tanto, la forma adecuada de tratarlo es orientado a la causa y de forma individualizada; es decir, un tratamiento etiológico y no sintomático. Este tratamiento se debe fundamentar: 1.º Medidas higiénicas y técnicas conductuales o educativas. 2.º Psicoterapia 3.º Farmacoterapia. Técnicas educativas Proveer información acerca de las causas y consecuencias del insomnio, evitando las ideas erróneas, puede ser considerado como un elemento importante en la terapia. Para que el cerebro funcione normalmente las horas precisas de sueño son 5-6 h. (sueño esencial), el resto es sueño no esencial. No es preciso dormir 8 h. para desarrollar un buen rendimiento cognitivo. Si no existe afectación diurna no se trata de un verdadero insomne. Puede ser normal tener hasta dos o tres despertares breves por la noche. No es necesario dormir bien todas las noches, con una noche cada dos o tres puede ser aceptable. También es normal la disminución de la cantidad y profundidad de sueño que se manifiesta en el envejecimiento. Técnicas cognitivas Las técnicas cognitivas están dirigidas a modificar el pensamiento. El beneficio de estos tratamientos ha sido demostrado a largo plazo. Tratamiento farmacológico Los fármacos hipnóticos constituyen un recurso ampliamente utilizado en el tratamiento sintomático de pacientes con insomnio. Su principal indicación es el insomnio transitorio o el de corta duración así como el uso intermitente en el insomnio crónico. En cualquier caso se recomienda una duración corta del tratamiento (días o semanas) con el fin de reducir el riesgo de que se produzcan fenómenos de tolerancia o dependencia. Un buen hipnótico debe inducir el sueño de forma rápida y mantenerlo durante unas 7 u 8 horas, evitando los despertares frecuentes; no debe producir efectos adversos, entre los que se encuentran los efectos residuales de la mañana siguiente (somnolencia, disminución del rendimiento psicomotor, etc.), o fenómenos de dependencia (efecto rebote o síntomas de abstinencia); su administración prolongada no debiera disminuir su efecto, es decir, que no se produzca tolerancia, y no deben alterar la arquitectura del sueño, de manera que todas las fases o etapas del sueño estén presentes durante el tiempo que les corresponde. No hay ningún hipnótico que esté indicado en todas las formas de insomnio. Las benzodiazepinas son los fármacos más utilizados en el tratamiento de la ansiedad y del insomnio. España presenta una elevada tasa de consumo, alrededor del 15% de la población adulta, siendo una de las tasas de consumo más altas de la Unión Europea y superior a la de Estados Unidos. Al margen de las benzodiazepinas, existen otros fármacos con acción hipnótica. Entre ellos, zaleplón, zolpidem y zopiclona, que aunque químicamente no son benzodiazepinas, presentan propiedades farmacológicas similares a éstas, por lo que sus efectos son parecidos. En los casos de insomnio y ansiedad moderados es recomendable empezar con productos como la valeriana u otras plantas medicinales, que han mostrado eficacia en algunos casos. En segunda opción debe considerarse a los medicamentos de dispensación sin receta disponibles para el tratamiento de insomnio: son antihistamínicos H1 cuyo efecto secundario, la sedación, se aprovecha para el insomnio. Destaca la doxilamina y como alternativa la difenhidramina y la hidroxicina.
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  • Insomnio
  • Benzodiazepinas
  • Doxilamina
  • Difenhidramina
  • Hidroxicina
  • Valeriana

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