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En las últimas semanas se ha venido desarrollando un brote de infecciones intestinales que evolucionaron a síndrome hemolítico urémico y que ha provocado, desde mediados de mayo hasta el día 3 de junio, 18 muertos y más de 1.600 afectados en Alemania, fundamentalmente en torno a la ciudad de Hamburgo. Asimismo, se han descrito casos puntuales en otros países de Europa, incluyendo Suecia (donde se ha registrado un muerto hasta la fecha), Gran Bretaña y España, entre otros. En Estados Unidos se han confirmado dos casos. Se trata de una complicación de la infección provocada por determinadas cepas productoras de enterotoxinas de Escherichia coli, agrupadas como Escherichia coli enterohemorrágicas (EHEC, por sus siglas en inglés). Dichas toxinas son conocidas como toxinas de Shiga por su semejanza con las toxinas producidas por Shigella dysenteriae, que muestran una especial agresividad sobre los glóbulos rojos y las estructuras renales. Por ello, las EHEC productoras de estas toxinas se conocen como STEC (E. coli productoras de toxina de Shiga) o también VTEC (E. coli productoras de verocitotoxina). Las toxinas Shiga actúan inhibiendo la síntesis proteica celular a través de un mecanismo similar al de la ricinotoxina, actuando como una N-glucosidasa que fragmenta bases nucleicas del ARN ribosomal, deteniendo la síntesis de proteína. El brote surgido en Alemania es inusual por su desarrollo muy rápido y por afectar a un elevado número de adultos (la mayoría de los casos corresponden a mayores de 18 años), sobre todo mujeres (2:1). No obstante, también ha habido casos en niños en edad escolar. Aunque en condiciones normales, el organismo suele ser capaz de eliminar una infección digestiva por cepas patógenas de E. coli, la presencia de cepas especialmente virulentas desborda los mecanismos de defensa y provoca cuadros diarreicos hemorrágicos característicos que no son sensibles al tratamiento con antibióticos. Obviamente, las diarreas asociadas a cuadros toxiinfeccionsos no deben ser tratadas con antidiarreicos, ya que ello retrasaría la eliminación fecal de los microorganismos causantes, concentrando la producción de enterotoxina y agravando y prolongando aún más el proceso. Tampoco es recomendable el uso de antibióticos, dado que podrían destruir la flora intestinal, la cual es imprescindible para luchar contra el germen patógeno y, por otro lado, las cepas enterotoxígenas no suelen ser sensibles a la mayoría de los antibióticos convencionales. Por ello, los cuadros diarreicos deben ser tratados exclusivamente para prevenir la deshidratación del paciente, utilizando suero por vía IV. El síndrome hemolítico urémico es una patología potencialmente mortal, caracterizada por la aparición de insuficiencia renal aguda (que se manifiesta con la presencia de urea en la sangre: uremia), anemia hemolítica y disminución del número de plaquetas (trombocitopenia). Es considerado como la causa más frecuente de insuficiencia renal aguda en niños pequeños y puede causar graves complicaciones neurológicas (convulsiones, accidentes cerebrovasculares y coma) en el 25% de los casos, y secuelas renales crónicas, generalmente leves, en aproximadamente un 50% de los supervivientes. Los síntomas de la enfermedad consisten en cólicos abdominales y diarrea, que puede ser sanguinolenta. También puede haber fiebre y vómitos. La mayoría de los pacientes se recuperan en 10 días, aunque en algunos casos la infección puede ser mortal. Las STEC o EHEC pueden crecer en un rango de temperaturas que van desde lo 7º hasta los 50º, con un óptimo a los 37º. Algunas cepas pueden crecer en entornos ácidos, con un pH de 4,4, y toleran relativamente bien los sustratos con bajo contenido en agua (1%). Se encuentran frecuentemente en el intestino de los animales, sobre todo de los rumiantes, de donde pueden pasar a contaminar a alimentos, especialmente carne picada cruda o poco cocinada, leche sin hervir, agua contaminada, y hortalizas. La cocción de los alimentos hasta que alcancen una temperatura uniforme de 70 °C, la utilización de radiación o la desinfección de hortalizas y frutas crudas mediante lavado cuidadoso y el remojo - durante al menos 10 minutos - en soluciones de hipoclorito no excesivamente diluidas, destruyen estas bacterias. El serotipo más comúnmente implicado de EHEC en problemas de salud pública es el O157:H7, aunque hay otros implicados en brotes esporádicos de infecciones alimentarias, como el ya citado O104:H21. Las medidas para prevenir las infecciones por STEC son similares a las recomendadas frente a otras enfermedades transmitidas por los alimentos, y en particular una buena higiene en la preparación de los alimentos. En concreto, se recomienda encarecidamente el lavado frecuente de las manos, sobre todo antes de preparar o consumir alimentos y después de defecar, especialmente en el caso de quienes cuiden de niños pequeños o de quienes estén inmunodeprimidos, puesto que la bacteria puede transmitirse de persona a persona, así como a través de los alimentos, el agua y el contacto directo con animales. La duración de la excreción de EHEC en adultos es de aproximadamente una semana, pero puede ser mayor en niños. Escherichia coli Esta especie está formada por bacilos Gram negativos, catalasa positivos y oxidasa negativos, no formadores de esporas, anaerobios facultativos con un amplio rango de incubación, inmóviles o móviles mediante flagelos peritricos y con necesidades nutricionales sencillas. Aunque es susceptible de provocar colibacilosis, es la especie bacteriana predominante de la microbiota normal del aparato digestivo de la mayor parte de los animales, incluyendo al hombre. Entre los serotipos más frecuentemente aislados de toxiinfecciones alimentarias por Escherichia coli el más común es el O157:H7; el O104:H21 es considerado un serotipo infrecuente. Una de las características de estas cepas es su capacidad de adherirse a la superficie a los alimentos contaminados, formando películas o biofilms, para lo cual E. coli emplea flagelos, pilis y proteínas de membrana. Cuando ya está unida a la superficie pierde sus flagelos e incrementa la producción de sustancias poliméricas extracelulares, lo que proporciona una mayor resistencia a la desinfección mediante soluciones de hipoclorito. Según el Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), la formación de biofilms es una estrategia adaptativa de los microorganismos que permite incrementar sus posibilidades de supervivencia en el medio ambiente y supone la aparición de un nuevo concepto de ""bacteria"" como organismo unicelular que puede ser capaz de formar estructuras complejas con interrelaciones entre sus individuos que están muy próximas al comportamiento de los organismos pluricelulares. Una consecuencia de la formación de estas estructuras es que los métodos habituales de control y eliminación (desinfectantes, antibióticos, etc.) de las formas libres (planctónicas) de las bacterias se muestran a menudo ineficaces contra las bacterias del biofilm. El Comité Científico de la AESAN considera que los biofilms no son una rareza, si no que representan una forma habitual de crecimiento de las bacterias en la naturaleza, por lo que tienen un enorme impacto en diversos aspectos de la vida humana con múltiples implicaciones tanto sanitarias como tecnológicas. Además, la mayoría de las especies bacterianas tienen la capacidad de formar biofilms, aunque algunos géneros lo forman más fácil y rápidamente que otros, como es el caso de Pseudomonas, Listeria, Enterobacter, Escherichia coli, Flavobacterium, Alcaligenes, Staphylococcus y Bacillus. En un ambiente de procesado de alimentos, la microbiota existente probablemente esté formada por una mezcla de muchas especies, sin que se sepa con seguridad si la presencia de unas especies u otras es fruto de un fenómeno de selección natural. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. www.msps.es Revista del Comité Científico de la AESAN. 2010; 12; 37-62
Palabras claves:
  • Escherichia Coli
  • Antibioticos

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