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Desde la detección del agente causal del SIDA a principios de los años 80 del pasado siglo, el desarrollo de una vacuna capaz de prevenir o limitar la infección por VIH ha sido un objetivo permanente de la investigación científica. Desgraciadamente, los resultados disponibles están lejos de ser satisfactorios. El desarrollo de una vacuna frente al VIH tiene una complicación adicional frente a cualquier vacuna para otros virus o bacterias: el VIH actúa selectivamente sobre muchas de las células del sistema inmunológico implicadas en la producción de la respuesta inmune. Por ello, es necesario determinar con gran precisión cuál es el complejo mecanismo por el que VIH escapa al control inmunológico natural. Básicamente, se consideran dos tipos de vacunas frente al VIH, las preventivas y las terapéuticas. Las primeras se encuadran en el concepto tradicional de vacuna, en el sentido de proteger el contagio en personas sanas (VIH-negativos) y evitar así la propagación de la pandemia, pero no permiten curar o amortiguar la sintomatología de la enfermedad. Por otro lado, y dada la complejidad observada hasta el momento, no se descarta que pudieran ser necesarias varias vacunas con acción complementaria para alcanzar un resultado aceptable. Por su parte, las vacunas terapéuticas buscan tratar a los pacientes ya infectados. La producción fisiológica de anticuerpos neutralizantes por el propio sistema inmune de los pacientes infectados se considera como el mejor método de protección frente a la infección por VIH. Sin embargo, además de que los virus actúan selectivamente sobre células implicadas en la defensa inmunológica, el VIH presenta una extraordinaria variabilidad genética y una elevada tolerancia a las mutaciones, todo lo cual le confiere una gran capacidad para evadir la respuesta inmune, facilitando la persistencia viral. Por si todo esto fuera poco, las dos glucoproteínas de la cubierta viral, la gp120 y la gp41, que constituyen las únicas dianas posibles para los anticuerpos neutralizantes, están protegidas parcialmente por un escudo de N-glucanos entrelazados y otras estructuras que dificulta el acceso de los anticuerpos a las zonas de unión neutralizante de dichas glucoproteínas. Afortunadamente, no todo es negativo en este aspecto, ya que comienzan a vislumbrarse ciertas debilidades en este escudo protector de la cubierta del VIH, susceptibles de ser utilizadas en el diseño de vacunas específicas. Por otro lado, el suero procedente de algunos pacientes seropositivos muestra una potente capacidad neutralizante del VIH, lo que parece indicar la existencia algún mecanismo inmunológico específico aún no conocido capaz de enfrentarse eficazmente a la invasión viral. Concretamente, los linfocitos B -que no son objetivo preferente del VIH- podrían ser estimulados para provocar la respuesta frente al VIH.
Palabras claves:
  • VIH
  • Vacuna
  • Glucoproteínas

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