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El farmacéutico tiene una importante labor que realizar en el ámbito del seguimiento del tratamiento antidepresivo, siempre en coordinación con el médico responsable del paciente Es especialmente relevante informar y contextualizar la previsible demora en la mejora de los síntomas depresivos, que puede oscilar entre dos y cinco semanas, sin que dicha recuperación sea ni al mismo tiempo ni con la misma intensidad en cada uno de los síntomas. Esta fase es clave, ya que en ella se produce la mayor parte de los abandonos del tratamientos.También es importante informar sin alarmismos acerca de los previsibles efectos adversos que pueden aparecer y en especial si aparecen síntomas que pudieran sugerir una crisis de manía. En tales casos, es fundamental remitir al paciente de forma inmediata hacia el médico responsable para la correspondiente evaluación clínica. La interrupción temporal o definitiva que no haya sido indicada por el médico puede provocar síntomas de abstinencia, ocasionalmente graves o incluso un rebrote agudo de los síntomas depresivos. Además de las precauciones generales que cualquier tratamiento farmacológico exige, existen algunas particulares que deben ser consideradas en determinados tipos de pacientes:

1.En aquellos que manifiestan tener ideas, planes o actos de autolesión o suicidio, es importante recomendar a los cuidadores de los mismos que, con el fin de evitar una sobredosis, impidan el acceso directo del paciente a los fármacos o, en el caso de ausencia de cuidadores, puede ser una buena opción un servicio personalizado de dispensación (SPD).

2. En el caso de que se decida establecer un tratamiento para la depresión o ansiedad en niños o adolescentes con antidepresivos, deberá de realizarse un seguimiento estrecho ante la posible aparición de comportamiento suicida, autolesión u hostilidad, especialmente durante el comienzo del tratamiento.

3. Las personas mayores están frecuentemente polimedicados, por lo que el riesgo de interacciones clínicamente relevantes es importante y, por ello, la detección de interacciones potenciales es un aspecto capital en su seguimiento.Conviene advertir que el tiempo de respuesta a un nuevo tratamiento suele ser mayor en personas ancianas que el resto, pudiendo requerirse hasta 12 semanas para determinar si el tratamiento es o no eficaz.

4.Los antidepresivos tricíclicos no están, en gneral, indicados en pacientes con historial de arritmias cardiacas o de infarto de miocardio. En cualquier paciente con patología cardiovascular y tratado con antidepresivos tricíclicos es siempre aconsejable determinar periódicamente la tensión arterial y debe investigarse la posible aparición de hipotensión ortostática, especialmente peligrosa para los ancianos por el riesgo de fracturas óseas relacionadas con las caídas.

5.Las mujeres embarazadas tratadas con fármacos antidepresivos son, por motivos obvios, un claro objetivo de farmacovigilancia.

Respecto a las diferentes opciones terapeuticas hay que considerar:

- En el caso de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS, como la fluoxetina), debe instruirse al paciente y a sus cuidadores sobre la aparición de acatisia, es decir, la necesidad irrefrenable de moverse que lleva al paciente a cambiar continuamente de lugar y de postura, a levantarse y sentarse en forma reiterada, etc.; este efecto puede requerir el cambio a un antidepresivo tricíclico o incluso instaurar un breve tratamiento con ansiolíticos.

- En cuanto a los antidepresivos tricíclicos (ADT) deben vigilarse especialmente los síntomas relacionados con arritmias cardiacas, con más frecuencia, taquicardia, hipotensión ortostática, sequedad de boca, estreñimiento, retención urinaria y visión borrosa. También deben vigilarse los posibles síntomas de manía y debe informárse al paciente que este tipo de medicación puede afectar a su capacidad para conducir vehículos o manejar maquinaria peligrosa o de precisión.

Establecer el grado de adherencia al tratamiento es un objetivo esencial del seguimiento. En caso de que éste sea bajo, es importante conocer las razones que lo motivan (efectos secundarios, falta aparente de eficacia, coste del tratamiento, pautas de dosificación complejas, olvidos por el paciente, etc.). Cualquier cambio de dosis o de medicamento debe ser establecido por el médico.

Por último, la finalización del tratamiento antidepresivo obviamente también debe ser establecida por el médico, sin olvidar que es relativamente frecuente que, en lugar de finalizar completamente el tratamiento, éste es prolongado con un tratamiento de mantenimiento o de prevención de recaídas. La terminación del tratamiento farmacológico, en cualquier caso, suele considerarse tras 6 a 12 meses de normalización de la vida del paciente. La suspensión definitiva del tratamiento farmacológico antidepresivo debe realizarse de forma lenta, reduciendo paulatinamente las dosis a lo largo de, al menos, un mes. La aparición de síntomas como insomnio o alteraciones del apetito sugieren la conveniencia de prolongar este periodo.

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