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La meningitis aguda bacteriana es una enfermedad infecciosa que compromete la vida de los pacientes, la epidemiologia de ésta ha cambiado sustancialmente desde la introducción de las vacunas conjugadas. Aun así, el tratamiento de la enfermedad continúa siendo un desafío, incluso en países desarrollados, causando notoria morbilidad y mortalidad. En esta revisión se discuten las diferentes estrategias terapéuticas disponibles y los nuevos avances en terapia antibiótica y adyuvante. Una sospecha precoz de meningitis bacteriana y la administración rápida de antibióticos es importante para incrementar la supervivencia y reducir la morbilidad. El empleo de antibióticos empíricos se basa en la epidemiologia local, la edad del paciente y la presencia de factores de riesgo concomitantes. Para una buena terapia antibiótica es importante conocer la concentración que alcanza el antibiótico en el líquido cefalorraquídeo (LCR) y su actividad bactericiana contra el germen implicado. Una vez el agente patógeno es identificado en LCR la terapia debe ser modificada para optimizar el tratamiento: Streptococcus pneumoniae, en áreas con resistencia a las cefalosporinas la terapia empírica consiste en vancomicina combinada con cefotaxima o ceftriaxona, aunque las tasas de meningitis neumocócica han disminuido desde la introducción de la vacuna conjugada heptavalente; Neisseria meningitidis, los pacientes deben ser tratados empíricamente con cefalosporinas de tercera generación (C3G); Listeria monocytogenes: el tratamiento de elección es amoxicilina, ampicilina o penicilina G, algunas autoridades recomiendan la adición de un aminoglucósido porque reduce la mortalidad, aunque incrementa las tasas de daño renal; Streptococcus agalactiae, el tratamiento estándar es amoxicilina o ampicilina o penicilina G combinada con un aminoglucósido; Haemophilus influenzae, desde la emergencia de cepas productoras de beta-lactamasas y resistentes a cloranfenicol, el abordaje de la infección es con C3G; bacilos gram-negativos aerobios, la resistencia a cefalosporinas de tercera y cuarta generación y a carbapenems ha reducido las opciones terapéuticas; Staphylococcus aureus, el tratamiento depende de la prevalencia local de MRSA, las penicilinas antiestafilocócicas son más efectivas que vancomicina, pero el tratamiento empírico con esta última puede ser útil hasta la disponibilidad de los test de susceptibilidad. El incremento de la prevalencia de la meningitis causada por bacterias resistentes ha conducido a la consideración de nuevos agentes para la terapia antibiótica, como por ejemplo: cefepime, cefalosporina de cuarta generación con amplio espectro de acción y mejor estabilidad frente beta-lactamasas, incluidas las producidas por Pseudomonas aerouginosa; carbapenems, activos frente beta-lactamasas de gram-positivos y negativos, meropenem es el que tiene mejor penetración en LCR; otros antibióticos frente a bacterias gram-postivias: daptomicina, linezolid y moxifloxacino. La duración de la terapia antibiótica debe ser suficiente para eliminar la bacteria y prevenir las recurrencias, pero el tiempo varia ampliamente en función del agente causal. Las guías de práctica clínica recomiendan el uso de dexametasona como terapia adyuvante en pacientes con sospecha o diagnóstico de meningitis bacteriana adquirida en la comunidad, pero sólo en los países desarrollados.
Palabras claves:
  • meningitis bacteriana
  • terapia antibiótica
  • terapia empírica
  • líquido cefalorraquídeo
  • resistencia a antibióticos

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