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La infección aguda por hepatitis C, normalmente es asintomática. Sólo una pequeña proporción de pacientes presentan ictericia. La infección crónica puede asociarse a síntomas no específicos como fatiga, dolor de articulaciones y malestar en cuadrante superior derecho. En la mayoría de pacientes existe elevación intermitente o persistente de las concentraciones séricas de transaminasas hepáticas. Un 20% de pacientes desarrollarán cirrosis en los primeros 10 o 20 años de la infección. La Hepatitis C parece asociarse con algunas manifestaciones extrahepáticas como glomerulonefritis, linfoma no Hodgkin y porfiria cutánea. En el momento actual, la terapia más aceptada para la Hepatitis C crónica es el alfa-interferón. Su administración se asocia a una disminución de las transaminasas séricas y del RNA vírico. Sin embargo, cuando se suspende el interferón, en muchos pacientes, estos parámetros se elevan rápidamente a los niveles preexistentes antes del tratamiento. Se considera respuesta óptima cuando, después de 6 meses de tratamiento se consiguen valores normales de transaminasas y niveles no detectables de RNA vírico, mantenido por lo menos hasta 6 meses después de suspender el tratamiento; esto ocurre en el 15-20% de los pacientes. Parece que la prolongación de ciclos de interferón hasta 12 o 18 meses puede incrementar el número de pacientes con respuesta positiva. La dosis habitual de interferón es de 3 millones de unidades, 3 veces por semana. Un incremento de dosis no parece mejorar la respuesta. La dosis de interferón puede tener que reducirse o, en algunos casos suspenderse, por sus efectos adversos. Éstos incluyen fatiga, leucopenia, trombocitopenia, depresión y confusión.
Palabras claves:
  • ADMINISTRACION
  • INTERFERON-ALFA
  • EFICACIA
  • MONITORIZACION
  • DOSIS
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