Sesionbes Bibliográficas. 14 de Marzo de 2016 (425)

La encefalitis es un proceso inflamatorio del SNC que se asocia a una disfunción neurológica. La proximidad de otras estructuras al encéfalo hace que la encefalitis pueda cursar en forma de cuadros mixtos, como meningoencefalitis o encefalomielitis. Se calcula que la incidencia en la población general es alrededor de 3-5/1000000, pero la incidencia en la infancia podría ser de 5-10 casos cada 100000, alcanzándose incidencias aún más elevadas durante el primer año de vida. Hoy en día la incidencia de encefalitis en los países desarrollados ha disminuido significativamente gracias a la vacunación infantil sistemática frente a sarampión, rubéola, parotiditis y polio, y a otras vacunas no incluidas en el calendario vacunal como son las vacunas frente a varicela y gripe.

La clínica es la base del diagnóstico de encefalitis y consiste en la alteración de la función cerebral, con alteraciones del comportamiento o síntomas neurológicos motores: ataxias, parestesias, convulsiones,… Se puede solicitar análisis de sangre y realizar punciones lumbares para evaluar la presencia de virus o infección bacteriana. También se pueden solicitar pruebas de diagnóstico por imagen, como una resonancia magnética nuclear (RMN) o una tomografía computerizada (TAC), para detectar signos de inflamación cerebral, o un electroencefalograma (EEG), prueba que permite registrar las ondas cerebrales y revelar posibles anomalías consistentes con una encefalitis. La fiebre es el síntoma diferencial entre la encefalitis infecciosa frente a otras encefalitis de etiología distinta, aunque este síntoma no se manifiesta en todos los casos, ya que actualmente los tratamientos se realizan en fases precoces con clínica subaguda, para intentar minimizar posibles secuelas de estos episodios.

El tratamiento será distinto según la situación clínica en la que el paciente ingresa y variará según la precocidad del tratamiento. En la fase aguda de la infección puede llegar a requerirse el ingreso del paciente en una unidad de cuidados intensivos pediátricos (UCIP), ya que en esta fase los pacientes pueden presentar convulsiones y será necesaria, inicialmente, la estabilización y estricta monitorización del paciente.

Evidentemente el tratamiento de la infección es primordial y habitualmente se iniciará la terapia empírica antivírica con aciclovir 20 mg/kg c//8h (adolescentes 500 mg/m2 c/8h) al diagnóstico del paciente, ya que mayoritariamente las encefalitis son de etiología vírica producidas por virus herpes simple. Ganciclovir o foscarnet se emplean en encefalitis producidas por citomegalovirus. No se recomiendan generalmente corticosteroides como tratamiento complementario a las encefalitis víricas.

Las secuelas que pueden aparecer son: desarrollo de focos epilépticos, déficit motor (espasticidad y ataxia), déficits cognitivos y memorísticos, cambios mentales y ,también, alteraciones en el comportamiento. Cabe la posibilidad de que exista retraso del desarrollo intelectual y disminución de la función cognitiva, lo que lleva a la recomendación de hacer un seguimiento estricto a estos pacientes. Las secuelas de la encefalitis grave son frecuentes y es muy importante el inicio precoz de soporte multidisciplinar con la participación de especialistas en enfermedades infecciosas, neurología, intensivistas, rehabilitación, farmacia,etc., para conseguir los mejores resultados a corto y largo plazo.

FORMACIÓN DICAF:

Farmacoterapia del paciente pediátrico. Particularidades, aspectos nutricionales e infecciones.

Palabras claves:Ninguna

NewsLetter de abstracts redactados por expertos del programa y con la colaboración de profesionales de la salud que trabajan en diferentes ámbitos asistenciales.