Sesionbes Bibliográficas. 02 de Agosto de 2016 (445)

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa compleja poco comprendida, para la que  por el momento sólo se dispone de tratamientos dirigidos  a la contención de su sintomatología.

Una de las actuales vías de investigación de tratamientos eficaces para el Alzheimer tiene base en la observación de experimentos con animales donde la restricción calórica (el consumo de dos tercios de la ingesta calórica normal) ha resultado presentar asociación con menores niveles de enfermedades relacionadas con la edad. Esta asociación se ha relacionado con la liberación de determinadas enzimas reguladoras de la expresión genética que afectan al metabolismo; las denominadas proteínas sirtuinas. Resveratrol, presente en alimentos como las uvas, los arándanos, las frambuesas, el vino tinto o el  chocolate negro,  es un fenol natural producido por ciertas plantas en respuesta a lesiones, del que se conoce la capacidad para imitar las condiciones asociadas a la restricción calórica, mediando el fomento de mayores niveles  de proteínas suirtinas. Esta actividad del agente ha captado el interés de algunos grupos de investigación de enfermedades neurodegenerativas por la molécula. 

En esta línea, a  finales de 2015 se publicaron los resultados de un estudio de fase II que analizó, en pacientes con enfermedad de Alzheimer leve-moderada, la   seguridad, tolerabilidad y los efectos sobre distintos biomarcadores de la enfermedad (Aβ40 y Aβ42 plasmática , Aβ40, y  Aβ42 en líquido cefalorraquídeo, tau, fosfo-tau 181, …), de la exposición a altas dosis de resveratrol. Los participantes (119) fueron asignados al azar a  recibir placebo o 500mg de resveratrol por vía oral una vez al día inicialmente, con aumentos incrementales de la dosis de 500mg cada 13 semanas, terminando con 1.000mg dos veces al día. Los investigadores encontraron que a largo plazo el tratamiento con resveratrol fue bien tolerado y tuvo un efecto positivo sobre los pacientes deteniendo, o al menos ralentizando, el progreso de la enfermedad. Se constató que resveratrol y sus metabolitos principales superaron la barrera hematoencefálica, con  efectos sobre el SNC y alteraron  las trayectorias de algunos biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer, como los niveles de proteína beta amiloide (Aß40, marcador cuyos niveles más bajos se relación con una mayor progresión de la demencia) en líquido cefalorraquídeo y en plasma que disminuyeron más en el grupo placebo que en el grupo tratado con resveratrol, en el que se mantuvieron estables.

Como continuación de esta investigación, los autores analizaron la presencia de moléculas específicas en muestras de líquido cefalorraquídeo de pacientes (19+19) que continuaron siendo tratados con resveratrol  o placebo durante un año. Las observaciones realizadas parecen indicar que la exposición a resveratrol actúa restaurando la integridad de la barrera hematoencefálica a la infiltración de determinadas moléculas inmunoactivas dañinas, secretadas por las células inmunes, desde otras partes del cuerpo hacia el tegido cerebral. Esta conclusión es relevante en cuanto que la inflamación es una característica del cerebro con Alzheimer que se ha considerado históricamente, resultado de la acumulación de proteínas en el cerebro, incluyendo Aß40 y Aß42, y de la acción de células precursoras de la inflación residentes en el propio cerebro. Esta inflamación se correlaciona con el empeoramiento cognitivo y los nuevos datos sugieren que algunas de las inmunomoléculas que participan en la progresión inflamatoria provienen, de hecho, de otras partes del cuerpo distintas al cerebro; el tratamiento con resveratrol parece que sería capaz de inducir una limitación al paso hacia el cerebro de estos elementos dañinos. Más concretamente, la hipótesis de que esta  acción de  resveratrol estaría relacionada con una mayor actividad de la barrera hematoencefálica surge de que  los niveles cefalorraquídeos de la principal molécula de interés para los investigadores, la metaloproteinasa de matriz 9 (MMP-9), se redujeron a la mitad en los pacientes bajo tratamiento, lo que resulta significativo dado que MMP-9 se reduce cuando existe activación de sirtuina-1, una de las proteínas con actividad ligada a la restricción calórica y a la exposición a resveratrol. Mayores niveles de MMP-9 son conocidos por causar una mayor ruptura de la barrera hematoencefálica.

Estos hallazgos, presentados en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer 2016 en Toronto, Canadá, permiten aumentar nuestra comprensión de cómo el resveratrol puede ser clínicamente beneficioso para las personas con Alzheimer y señalan la importancia del papel que juega la inflamación del cerebro en la progresión de la enfermedad. Los autores  también sentencian que el agente, por sí mismo, es poco probable que llegue a constituir un tratamiento completo para la enfermedad de Alzheimer, ya que no inhibe la destrucción de las neuronas del cerebro porque tiene lugar por acción de la proteína tau, pero sí podría tener un lugar como agente antiinflamatorio complementario a otros agentes de acción directa contra la tau y su perniciosa acción.

Palabras claves:
  • enfermedad de Alzheimer
  • resveratrol

NewsLetter de abstracts redactados por expertos del programa y con la colaboración de profesionales de la salud que trabajan en diferentes ámbitos asistenciales.