Sesión Bibliográfica Semanal. 09 de Enero de 2019 (565)

Las estimaciones sitúan en cerca de 71 millones el número de personas que a nivel mundial viven con el virus de la hepatitis C (VHC) en todo el mundo. 6,1 millones de ellas son usuarios recientes de drogas ilícitas inyectables, lo que representa entre el 8 y el 9% de todas las infecciones, atribuyéndose al uso compartido de agujas y jeringas. En 2015, se detectaron 1,7 millones de nuevas infecciones por VHC en todo el mundo, con un 23% entre las personas drogodependientes.

Las nuevas terapias de tratamientos antivirales de acción directa han supuesto una revolución en el tratamiento y supervivencia de las personas infectadas por el VHC, con tasas de curación superiores al 95%, pero existen numerosos sistemas de salud que niegan el acceso a este tipo de medicación tan efectiva y que salva vidas, a las personas con antecedentes de uso de drogas ilícitas, precisamente uno de los colectivos que más lo necesita. Las razones que se alegan son preocupaciones relacionadas con la mala adherencia al tratamiento y unos supuestos malos resultados de la terapia y altas probabilidades de reinfección.

Pero los datos del mundo real parecen no dar apoyo a esta creencia. Australia ha ofrecido un amplio acceso al tratamiento de la hepatitis C a través de su Programa de Beneficios Farmacéuticos (PBS) desde marzo de 2016, y como resultado, ya está viendo reducciones significativas en la hepatitis C entre las personas que se inyectan drogas. Un análisis del Instituto Kirby, un centro de investigación médica afiliado a la Universidad de Nueva gales del Sur, encontró que la prevalencia de la infección por hepatitis C activa entre las personas que asistían a los programas de suministro de agujas y jeringas para disminuir la reutilización disminuyó del 43% al 25% entre 2015 y 2017.

Para obtener más datos basados en la evidencia los investigadores realizaron una extensa revisión bibliográfica. Los resultados obtenidos muestran que la respuesta al tratamiento de la hepatitis C entre las personas que se inyectan drogas fue muy favorable. En los casi los 40 estudios seleccionados publicados en todo el mundo, que involucraron a más de 3.500 personas con uso reciente o continuo de drogas, la hepatitis C se curó en casi 9 de cada 10 personas, y las tasas de adherencia al tratamiento oscilaron entorno al 97%.

Los autores consideran que los datos obtenidos apoyan la ampliación del acceso a las terapias antivirales directas en estas poblaciones y señalan que las políticas que niegan el tratamiento de la hepatitis C a las personas que usan o se inyectan drogas son inaceptables, estando más motivadas por la discriminación que no por la evidencia. Así, esperan que esta investigación aliente a los países a anular estas políticas y permitan el tratamiento a todas las personas que viven con hepatitis C, independientemente del uso de drogas actual o anterior. De hecho, consideran que dadas las altas tasas de prevalencia, las personas que se inyectan drogas realmente deben ser priorizadas para el tratamiento, lo que sin duda podría contribuir de manera efectiva a intentar alcanzar el ambicioso objetivo marcado por la Organización Mundial de la Salud de eliminar las infecciones causadas por el virus de la hepatitis C en 2030.

Palabras claves:
  • virus de la hepatitis C
  • terapias antiretrovirales de acción directa
  • drogodependientes
  • drogas inyectables

NewsLetter de abstracts redactados por expertos del programa y con la colaboración de profesionales de la salud que trabajan en diferentes ámbitos asistenciales.