Sesión Bibliográfica Semanal. 01 de Enero de 1998 (9)

La hipertensión arterial es una patología que alcanza una prevalencia de un 20% en las sociedades civilizadas, lo que conlleva un aumento en la probabilidad de enfermedad cardiovascular y renal temprana. Esta enfermedad se trata de un proceso normalmente crónico, lo que no permite su curación, pero que se puede controlar en la mayoría de los casos. Antes de iniciar un tratamiento hemos de llevar acabo una valoración del paciente. En primer lugar, se han de valorar factores de riesgo cardiovascular asociado, puesto que casi la mitad de los hipertensos presenta alguno de ellos. Entre estos factores de riesgo, algunos no se pueden evitar, como es el sexo, la edad o historia familiar temprana de enfermedad cardiovascular. Sobre otros factores se puede y se debe incidir. Estos son el tabaquismo, la inactividad física, cifras altas de colesterol LDL, o bajas de colesterol HDL y la diabetes. Para valorar la agresividad del tratamiento hemos de tener en cuenta la presencia de lesión orgánica secundaria y de enfermedad arteriosclerótica. En pacientes sin problemas orgánicas ni hipertensión grave (>210/120 mmHg) el tratamiento debe comenzar con medidas no farmacológicas. Estas medidas por si solas pueden normalizar la presión arterial o ser un complemento de los fármacos. De entre las medidas no farmacológicas la reducción del exceso de peso y de la ingesta de sal son las que más influyen en la reducción de la presión. Otros factores importantes son reducir la ingesta de alcohol por debajo de 35g/día, el aumento de ejercicio físico (sobre todo en el varón), así como el abandono del tabaco. Si todas estas medidas no logran normalizar la presión arterial, se ha de plantear el tratamiento farmacológico.
Palabras claves:
  • TABAQUISMO
  • DIETA
  • CONSEJOS
  • SAL
  • EJERCICIO
  • RECOMENDACIONES
  • ALCOHOL

NewsLetter de abstracts redactados por expertos del programa y con la colaboración de profesionales de la salud que trabajan en diferentes ámbitos asistenciales.