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Estudios recientes han descrito un aumento notable en el número de pa-cientes anticoagulados en España, con incrementos anuales de aproximada-mente el 10%. Así, se estima que entre el 1% y el 2% de la población española se encuentra actualmente en tratamiento con anticoagulantes orales (ACO), siendo estas cifras superiores a las de otros países europeos como Reino Unido (0,5%) y similares a las de otros países como Holanda (1,8%). Cabe destacar que alrededor del 70% de estos pacientes anticoagulados tienen 65 años o más. En cuanto a las principales indicaciones de prescripción de estos fármacos destaca la prevención del ictus y de la embolia sistémica en pacientes con fibrilación auricular no valvular (FANV), seguida del tratamiento del tromboem-bolismo venoso profundo (TVP) y de la embolia pulmonar (EP) o la prevención de la recurrencia de ambas. En este sentido, se estima que la FANV afecta a más de 33 millones de personas a nivel mundial. A nivel nacional, según los últimos datos publicados en el estudio OFRECE (Oportunidades de Prevención de la Fibrilación Auricular en España), la prevalencia de FANV en mayores de 40 años fue del 4,4%, observándose un incremento muy significativo y en relación con la edad, llegando a ser del 18% en pacientes mayores de 80 años. Según el estudio Framingham, el riesgo de desarrollar FANV es 1,5 veces mayor en hombres que en mujeres, no mostrando relación con otras comorbilidades o condiciones médicas asociadas. Respecto a la en-fermedad tromboembólica venosa, considerada actualmente la tercera causa de muerte relacionada con enfermedades cardiovasculares en los países desarrollados, presenta una incidencia anual de 1-2 episodios/1.000 personas. Otra patología, también relacionada con un mayor riesgo de eventos trombóticos es la estenosis mitral. No obstante, su prevalencia es relativamente baja en la población general, afectando al 1-2% de la población adulta, cuya prevalencia también aumenta notablemente con la edad. Los anticoagulantes indirectos (ACOI), antagonistas de la vitamina K (AVK), han demostrado ser efectivos para reducir el riesgo de trombosis en dichas situaciones. Sin embargo, estos fármacos presentan importantes problemas de seguridad, estrecho margen terapéutico y un elevado número de interacciones farmacológicas, que pueden incrementar el riesgo de hemorragia, o la formación de trombos. Por el contrario, los anticoagulantes orales directos (ACOD), constituyen una muy buena alternativa terapéutica a los AVK, han demostrado ser igual de eficaces o incluso superiores a los AVK en la prevención del ictus, presentan menor riesgo de interacciones farmacológicas, menor incidencia de hemorragias graves y no requieren de una monitorización.
Bajo esta premisa se realizó un estudio observacional transversal en pacientes de tres Farmacias de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Se elaboró un cuestionario que incluía diversas variables sociodemográficas, datos relativos al tratamiento de los encuestados, al grado de conocimiento sobre su tratamiento y a la seguridad de este.
En el estudio participaron hombres y mujeres en proporción similar (49% vs 51%), siendo más del 50% de los participantes mayores de 70 años. Cuando se analizó el perfil de prescripción de ACOs, se observó que casi un 80% de los pacientes tenía como tratamiento un ACOD. Sin embargo, al disgregar los datos por indicaciones se detectó un porcentaje superior de pacientes en tratamiento con ACOD para fibrilación auricular no valvular (FANV; 92%), pero inferior en pacientes con prótesis valvulares (40%). La incidencia de efectos adversos fue menor en los pacientes tratados con ACOD. Aunque el 89% de los pacientes afirmaron haber recibido información acerca de su tratamiento, esta sólo fue proporcionada por un farmacéutico en el 13% de los encuestados.
El estudio revela que la mayoría de los pacientes tratados con ACOs estaban en tratamiento con un ACOD. Además, se observó una menor incidencia de efectos adversos en dichos pacientes en relación con aquellos tratados con un AVK. Asimismo, se detectó un alto conocimiento sobre el uso de ACOs en la población encuestada y, apenas se detectaron errores de prescripción o potenciales interacciones clínicamente relevantes con el resto del tratamiento farmacológico que recibían.
Este estudio demuestra un cambio en el perfil de prescripción de los ACOs en favor de los ACOD, lo que supone una mejora en la seguridad y comodidad del paciente anticoagulado y, en consecuencia, de su calidad de vida.
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