El primer paso que debe realizarse en la evaluación de una posible epilepsia es determinar se el paciente ha sufrido o no una convulsión. Un diagnóstico incorrecto de una crisis comicial puede tener consecuencias negativas para el paciente: medicamentos caros y potencialmente tóxicos, prohibición de conducir e incluso pérdida del trabajo. Los diagnósticos o alteraciones que deben diferenciarse de la epilepsia son: migraña, síncope, isquemia transitoria, convulsión psicógena (no epiléptica), episodio de descontrol, síndrome de Meniere y alteraciones de movimiento. En niños, además debe tenerse presente un episodio apnéico, síncope infantil, tics, terrores nocturnos, sonambulismo y síndrome de prolongación QT.
Una vez establecido que el paciente tiene o ha tenido convulsiones debe identificarse el tipo de convulsiones, ya que el tratamiento difiere según el tipo de epilepsia. Las convulsiones se clasifican en generalizadas o parciales, estás últimas inicialmente sólo implican una parte del cerebro. La mayoría de crisis parciales son simples, complejas o convulsiones parciales posteriormente generalizadas. Las convulsiones generalizadas más frecuentes son crisis de ausencia y convulsiones tónico clónicas generalizadas.
Las convulsiones a menudo forman parte de un síndrome epiléptico, un conjunto de signos y síntomas que incluyen alteraciones electroencefálicas, con o sin alteraciones en el examen neurológico.
Aunque el pronóstico del control de convulsiones es favorable normalmente el tratamiento con anticonvulsivantes es prolongado.
Ver ficha: ANTICONVULSIVANTES. Selección de antiepilépticos.
Palabras claves:
- CONVULSIONES
- CRISIS
- EPILEPSIA
- SINTOMAS
- CLASIFICACION
- TIPOS
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