Sesionbes Bibliográficas. 01 de Enero de 2003 (44)

Una presión arterial demasiado baja (menos de 110/60 mmHg en el hombre; menos de 100/60 mmHg en la mujer) suele tomarse a la ligera, a menudo a causa de la ausencia aparente de riesgo potencial de enfermedades ulteriores, al menos, en comparación con la hipertensión. Con una prevalencia de cerca del 9% de la población global, la hipotensión esencial no puede, en modo alguno, considerarse una singularidad. Los pacientes afectados se quejan en gran parte de una serie de varios síntomas concomitantes subjetivos. Por ejemplo, mencionan trastornos de tipo orgánico, como temblores, extrasístoles, sensación de frío en manos y pies, cefaleas, dificultades respiratorias, sensación de presión en la región del estómago, náuseas, falta de apetito y sudores profusos. Los problemas psíquicos experimentados por los pacientes son, en primer lugar, la sensación de vértigo, el cansancio, el desánimo, la sensación de debilidad, la agitación interior, los trastornos del sueño, la irritabilidad y el humor depresivo. Cerca de un 10% de los hipotensos consultan a su médico cada trimestre a causa de sus trastornos. Pueden presentarse consecuencias tardías o secundarias, como la reducción de irrigación de órganos importantes, una disregulación ortostática y una tendencia al colapso con riesgo de heridas. Aparte de los consejos de comportamiento - como levantarse despacio y practicar regularmente un deporte - un tratamiento medicamentoso con simpatomiméticos directos (agonistas adrenérgicos) puede producir los resultados deseados. Rebajada con frecuencia al rango de enfermedad insignificante, la hipotensión - con todos sus síntomas de acompañamiento característicos - causa daños que se cifran en millones.
Palabras claves:
  • NAUSEAS
  • CEFALEAS
  • FRÍO
  • TRASTORNOS
  • MAREOS
  • TEMBLORES

NewsLetter de abstracts redactados por expertos del programa y con la colaboración de profesionales de la salud que trabajan en diferentes ámbitos asistenciales.