La insuficiencia renal es un problema de salud pública importante que en pacients crónicos tratados habitualmente en Atención Primaria (AP) con enfermedades tan frecuentes como la HTA o la DM, la prevalencia puede alcanzar el 35-40%.
En la práctica clínica, el estudio de un paciente renal puede ser muy amplio, dependiendo del cuadro clínico y del tipo de trastorno que se sospeche. Para cualquier escenario asistencial las primeras preguntas que se debe plantear el equipo que trata al paciente son:
¿El riñón está realmente afectado?
¿Las alteraciones que presenta son consecuencia de un proceso patológico de las vías urinarias o se debe alteraciones hemodinámicas?
¿Hay datos para pensar en una enfermedad sistémica con participación renal?
Inicialmente las enfermedades renales no presentan una clara sintomatología por ello se recomienda a los facultativos buscar intencionadamente los síntomas. Es preciso reconocer y/o derivar si ha habido cambios en el color de la orina tales como hematuria, o también si la orina es clara por las mañanas por falta de concentración. También se debe preguntar al paciente respecto a su cantidad y frecuencia. En este caso, se detectará mejor la polidipsia, preguntando por el volumen de agua ingerida. Asimismo se puede trazar la proteinuria a través de la orina espumosa.
Otras preguntas relevantes son si se ha perdido el ritmo nictemeral de orina nocturna escasa y concentrada o si ha existido un comienzo agudo con cuadro infeccioso y si éste fue epidémico.
En el estudio del paciente con afectación renal es conveniente tratar de detectar procesos sistémicos como la diabetes, lupus eritematoso sistémico, tumores, entre otros, y no olvidar los antecedentes familiares, ya que con frecuencia son decisivos para el enfoque terapéutico. Se deben establecer otros cuadros clínicos como anemia, piel seca, edema, hipertensión arterial y sus consecuencias cardíacas, oftálmicas o neurológicas para determinar la repercusión en otros sistemas.
Otro examen fundamental es el fondo del ojo que puede proporcionar datos únicos, como la retinitis pigmentaria de algunas formas de nefronoptisis o el grado de repercusión de la hipertensión arterial o diabetes. Asimismo, la presión arterial en ortostatismo y en decúbito supino, la palpación de los pulsos periféricos, la búsqueda de soplos cardíacos o abdominales y una exploración neurológica, al menos elemental, son maniobras básicas que efectúan los médicos en el diagnóstico de la enfermedad renal.
Los tratamientos farmacológicos tienen por objetivo alcanzar el nivel terapéutico adecuado tratando de evitar o minimizando la aparición de efectos adversos. En caso de Insuficiencia Renal (IR) pueden existir cambios farmacocinéticos en relación a la absorción, distribución, metabolismo y excreción de determinados fármacos, modificándose las concentraciones alcanzadas a dosis normales. En ocasiones también puede verse alterada la sensibilidad al fármaco. Todo esto contribuye a que la frecuencia de aparición de efectos indeseados llegue a ser dos o tres veces mayor que en pacientes sin alteración en la función renal.
FORMAR a los profesionales de la Salud sobre los posibles cambios, tanto farmacocinéticos como de sensibilidad, es fundamental para poder ofrecer a los pacientes con IR tratamientos individualizados, con el ajuste de dosis adecuado, que responda a sus necesidades.