Entendemos por Error de Medicación (EM) el error que se produce en cualquiera de los procesos del sistema de utilización de los medicamentos (drug-use system error). El National Coordinating Council for Medication Error Reporting and Prevention (NCCMERP) define los errores de medicación como: “Cualquier incidente prevenible que puede causar daño al paciente o dar lugar a una utilización inapropiada de los medicamentos, cuando éstos están bajo el control de los profesionales sanitarios o del paciente o consumidor. Estos incidentes pueden estar relacionados con la práctica profesional, con los productos, con los procedimientos o con los sistemas, incluyendo fallos en la prescripción, comunicación, etiquetado, envasado, denominación, preparación, dispensación, distribución, administración, educación, seguimiento y utilización” Se define Acontecimiento Adverso por Medicamentos (AAM) (Adverse drug event) como “cualquier daño, grave o leve, causado por el uso (incluyendo la falta de uso) de un medicamento” o “cualquier daño resultante del uso clínico de un medicamento”.
La población pediátrica forma parte de uno de los grupos de pacientes con riesgo elevado en cuanto a padecer errores de medicación (EM). Algunos de los factores que justifican que se catalogue a los niños como población de riesgo más elevado que la población general son los siguientes:
El niño pertenece a una población no homogénea y cambiante, que requiere pautas variables en función de la patología, la edad y el peso o superficie corporal del paciente. Este hecho comporta que sea más difícil la estandarización del tratamiento.
La dosificación por kg/peso y/o superficie corporal, y el ajuste a las presentaciones disponibles son los factores que implican más errores en pediatría.
El uso de medicamentos en condiciones distintas a las aprobadas según ficha técnica “fuera de indicación” es muy frecuente. Esto condiciona tener que recurrir a bibliografía más especializada haciendo más compleja la prescripción y la validación farmacéutica.
Las especialidades farmacéuticas disponibles no siempre se adaptan a las necesidades de los niños de diferentes grupos de edad: existe un elevado número de medicamentos comercializados sólo en presentaciones pensadas para adultos como, por ejemplo, la furosemida, el captopril, la ranitidina y muchos otros, cuando, en realidad, son fármacos que también se utilizan en niños pequeños, por lo que sería necesaria una presentación en formas orales líquidas. Eso hace que a menudo se tengan que adaptar las presentaciones pensadas para adultos y fraccionarlas, si es posible, o bien que se tenga que recurrir a la formulación magistral.
Con respecto a la administración, habitualmente se tendrán que medir volúmenes pequeños, hacer diluciones para poder dosificar determinados medicamentos y será necesario tener jeringas adecuadas que permitan medir con seguridad pequeños volúmenes.
Recordar que pequeños ajustes en la dosificación pueden suponer un aumento o una disminución significativa respecto a la dosis requerida. Medir 1,1 mL en lugar de 1 mL supone un aumento de dosis del 10%. El empleo de porciones de comprimidos o tabletas también puede conllevar a errores de ajuste de dosis o errores de manipulación de la presentación comercializada. Los errores que se puedan producir, son a menudo difíciles de detectar y pueden pasar desapercibidos. Se puede cometer un error de cálculo o administración importante y que la cantidad de fármaco a administrar no nos llame la atención, en especial hay que recordar que los profesionales pueden estar tratando pacientes prematuros de 1kg de peso a un niño de 17 años que puede llegar a sobrepasar los 100 kg.
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Farmacoterapia del paciente pediátrico I: Particularidades, aspectos nutricionales e infecciones.