Los linfocitos T citotóxicos CD8+, o células T asesinas, son el componente más eficaz del sistema inmune para localizar y destruir células tumorales. La mayor parte de las estrategias inmunoterapéuticas para atacar el cáncer se han centrado, por tanto, en intentar desencadenar una respuestas de estas células T que permita la eliminación de las células malignas. Sin embargo, ocurre con frecuencia que las células T reactivas son pocas o carecen de funcionalidades plenas para acabar con los tumores establecidos.
Tratar de aumentar el número de células T específicas de tumor se ha convertido en un desafío. Uno de los enfoques inicialmente prometedores para superar este escollo se ha centrado en el desarrollo de vacunas de péptidos pero los resultados obtenidos hasta el momento han sido un poco decepcionantes, con grados alcanzados de inmunogenicidad subóptimos y beneficios poco sostenidos en el tiempo. Además, los microambientes tumorales inmunosupresores, con niveles elevados de los ligandos inhibidores de punto de control de células T, como el ligando-1 de muerte celular programada (PD-L1) ayudan a que las células cancerígenas evadan la acción de las pocas células T específicas generadas por la vacuna. Para que estas limitaciones pudieran superarse sería necesario poder disponer de vacunas que generaran respuestas antitumorales de células T sustanciales y capaces de resistir el microambiente tumoral inmunosupresor.
Por otra parte, la interleucina 2 (IL2) es una molécula del sistema inmune con capacidad de regulación sobre la actividad de las células T asesinas. Su utilización ha sido aprobada para el tratamiento de algunos tipos de cáncer. Pero debido a que IL2 se elimina rápidamente, se requiere la administración de altas dosis que superan su límite de la toxicidad.
Trabajando con modelos animales, investigadores del Centro de Cáncer de Georgia en la Universidad de Augusta, en los Estados Unidos, han conseguido una versión de vacuna de péptido capaz de generar altas respuestas de células T asesinas específicas de tumor, y un mecanismo que permite aumentar la vida media de IL2. Para que esto ocurra la IL2 debe administrarse como un complejo de IL2 y anticuerpo anti-IL2, o en forma de IL2 modificada con polietilenglicol (PEG-IL-2). La administración conjunta de estas formulaciones junto con la nueva vacuna mejorada permiten una activación sostenida en el tiempo del receptor de IL2 presente en las células T reactivas generadas por la vacuna, lo que les permite sobrevivir más tiempo en el cuerpo y atacar con mayor eficiencia al tumor. Además, la estrategia también condujo a un aumento en la capacidad de las células T para resistir a la evasión del sistema inmune de las células cancerígenas mediada por PD-L1 dando, todo ello, efectos antitumorales potenciados como resultado.
Esta estrategia, hasta el momento solo validada en ratones, resulta altamente esperanzadora y su pronta utilización en ensayos clínicos controlados está asegurada.