El objetivo del tratamiento de la Artritis Reumatoide (AR) es conseguir la remisión de la enfermedad o disminuir la actividad inflamatoria para que el paciente mejore significativamente de sus síntomas, aumente la capacidad funcional y laboral y la calidad de vida, y también evitar la destrucción articular para prevenir la rigidez y la discapacidad.
El tratamiento de primera línea de la AR se basa en el uso de los fármacos modificadores de la enfermedad (FAME) clásicos o biológicos. Es fundamental instaurar un tratamiento precoz con los FAME clásicos: metotrexato (primera elección por su eficacia y seguridad), leflunomida, cloroquina y sulfasalazina. En caso de intolerancia o ineficacia, estaría indicado el tratamiento con terapias biológicas.
En cuanto al empleo de agentes biológicos, son terapias que van dirigidas específicamente contra diversas citoquinas inflamatorias. Cualquiera se puede utilizar como primera línea excepto abatacept y rituximab que están aprobados tras fracaso de anti TNF-α.
Se recomienda administrar estos fármacos de forma concomitante con los FAME clásicos, en caso de intolerancia o contraindicación se prefiere el empleo de inhibidores de la IL-6 como tocilizumab. No se combinan estos fármacos entre si porque no aumenta la eficacia e incrementan el riesgo de efectos adversos.
La elección del fármaco es individualizada, según comorbilidades, edad, expectativas, estilo de vida del paciente, riesgo de efectos adversos, tratamientos previos y grado de actividad de la enfermedad.
Antes del tratamiento es necesario realizar estudios para descartar la presencia de infección tuberculosa latente, y si se detecta se debe realizar quimioprofilaxis. Está indicado realizar serologías de hepatitis virus B y C antes del inicio del tratamiento y actualizar el calendario vacunal especialmente hepatitis B y neumococo.
En aquellos pacientes que han alcanzado la remisión o tienen baja actividad persistente se puede considerar reducir la dosis de biológico, especialmente los que van tratados en combinación con FAMEs tradicionales. No se recomienda la suspensión del tratamiento biológico sin reducción previa del tratamiento por el alto riesgo de brotes.
Efectos secundarios: Los efectos adversos más frecuentes son las reacciones en el lugar de inyección (eritema leve, dolor, picor o inflamación) en los administrados de manera subcutánea y reacciones relacionadas con la administración intravenosa.
También hay que tener en cuenta el mayor riesgo de infecciones, especialmente durante los primeros 6 meses del tratamiento y que no se incrementa con el tiempo de exposición. Son más habituales en mayores de 65 años y las más frecuentes son las infecciones leves del tracto respiratorio superior, urinarias y cutáneas. En caso de infecciones graves, se recomienda suspender el tratamiento hasta la resolución de la infección.
Otros efectos secundarios habituales son cefalea y elevación temporal de enzimas hepáticas.
Interacciones: los agentes biológicos no presentan interacciones con otros principios activos, excepción la combinación con otros fármacos inmunosupresores. No está recomendado su uso en combinación con otros fármacos biológicos ni con otras moléculas para la artritis como tofacitinib o baricitinib.
No se recomienda la administración simultánea de vacunas vivas atenuadas y fármacos biológicos. Sí se pueden administrar las vacunas frente a la gripe y el neumococo.
Contraindicaciones: pacientes con infección activa.
Los anti-TNFα están contraindicados en pacientes con antecedentes de enfermedad linfoproliferativa, insuficiencia cardiaca moderada o grave y enfermedad desmielinizante.
Consejos para la vida diaria: En el caso de los fármacos subcutáneos, se recomienda no romper la cadena de frío y guardarlos en la nevera entre 2 y 8 ºC. Se recomienda sacar el medicamento de la nevera media hora antes de su administración para que se atempere, y rotar los lugares de inyección.
Si aparecen reacciones locales de carácter leve se pueden aplicar geles o recomendar analgésicos y antihistamínicos.
Aspectos a tener en cuenta: Son medicamentos de dispensación hospitalaria ambulatoria y su prescripción ha de ser realizada por un facultativo especialista implicado en el tratamiento de la enfermedad. Se ha de derivar al facultativo en caso de infecciones localizadas o sistémicas relevantes.
En caso de cirugía mayor programada, se ha de interrumpir el tratamiento antes de la cirugía y hasta que disminuya el riesgo de aparición de infecciones postoperatorias. Generalmente se puede reintroducir en 10-14 días si no hay contraindicaciones ni complicaciones. Para intervenciones menores como dentales o cataratas no se necesita suspender el tratamiento.
También se ha de derivar si aparecen signos y síntomas de insuficiencia cardíaca.
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Medicamentos biológicos: Indicaciones, papel en terapéutica y seguridad.