Sesión Bibliográfica Semanal. 01 de Enero de 1997 (8)

La Artritis reumática es una poliartritis crónica, simétrica y erosiva. Es más frecuente en mujeres que en hombres, aunque esta tendencia tiende a desaparecer cuanto más tardío es el inicio de la enfermedad. Durante su evolución pueden producirse deformidades, destrucciones articulares y luxaciones, lo que conlleva una gran impotencia funcional.

Las manifestaciones extraarticulares más frecuentes son la pericarditis, nódulos reumatoideos, amiloidosis secundaria, vasculitis, derrame pleural, afectación ocular, mononeuritis y neuropatías por atrapamiento, y proteinuria y afectación renal. En cuanto al diagnóstico, no existe una prueba diagnóstica específica. Deben integrarse los datos de laboratorio y radiológicos en un contexto clínico adecuado.

La artritis crónica juvenil, la artritis reumatoide del anciano y el síndrome de Felty, constituyen las formas especiales de presentación. El tratamiento de la artritis reumatoide debe ser multidisciplinar, incluyendo rehabilitadores, ortopedas y psicólogos.

Los fármacos empleados son antiinflamatorios no esteroideos y esteroides como antiinflamatorios, y fármacos antirreumáticos de acción lenta como tratamiento de fondo para evitar la progresión de la enfermedad. Entre los fármacos antirreumáticos de acción lenta, conocidos como FARAL, se encuentra la cloroquina, aurotiomalato sódico, auranofina, penicilamina, sulfasalazina, metotrexato, azatioprina y ciclofosfamida.

Palabras claves:
  • AINES
  • AZATIOPRINA
  • CICLOFOSFAMIDA
  • CLOROQUINA
  • CORTICOIDES
  • METOTREXATO
  • ORO
  • PENICILAMINA
  • SULFASALAZINA

NewsLetter de abstracts redactados por expertos del programa y con la colaboración de profesionales de la salud que trabajan en diferentes ámbitos asistenciales.